La toma de control de Venezuela por parte de Trump no se trata solo de petróleo y de un cambio de régimen, sino de lidiar con la amenaza que se propone destruir la democracia occidental.
Alex Newman
Con la aprehensión del dictador Nicolás Maduro por múltiples cargos federales, se ha abierto oficialmente la caja de Pandora. Como de costumbre, la mayoría de los medios de comunicación pasan por alto u ocultan la verdadera historia. Durante décadas, América Latina ha sido un campo de batalla clave en el avance comunista global. Venezuela ha sido uno de sus puntos de apoyo más estratégicos.
Lo que comenzó como una revolución marxista camuflada en retórica populista se transformó en una dictadura narcoterrorista, respaldada por Cuba y China, que exportó y financió el caos, las drogas, la subversión y la revolución en todo el hemisferio. Estados Unidos es el premio final.
El régimen de Maduro, a través del narcotráfico y el robo de petróleo, fue la gallina de los huevos de oro de la peligrosa red comunista conocida como el “Foro de São Paulo”, que se apoderó de la región como un tsunami rojo. Hemos estado cubriendo esto extensamente en The New American, La Gran Época, y otras publicaciones durante décadas.
Fundada en 1990 por el dictador cubano Fidel Castro, Luis Inácio “Lula” da Silva (entonces organizador comunitario, ahora “presidente” de Brasil), el grupo narcoterrorista marxista FARC en Colombia, los sandinistas en Nicaragua y otros, el objetivo siempre fue esclavizar a la región. Innumerables naciones de América Latina han sido víctimas de esta red, incluida Venezuela.
Como régimen títere de Cuba (títere a su vez de la Unión Soviética, un régimen llevado al poder y construido por el Estado profundo), Caracas se convirtió en un centro clave para la infiltración comunista destinada a socavar la libertad, la soberanía y, en última instancia, a los propios Estados Unidos. Con la ayuda y la dirección de Cuba, Venezuela también se convirtió en el centro mundial del desarrollo de herramientas y tecnologías para el fraude electoral. Sin duda, esto estaba en la mente de Trump.
Maduro y Hugo Chávez también estuvieron profundamente involucrados con Hamás, Hezbolá, el régimen islámico que gobierna Irán y otras fuerzas peligrosas. Como advirtió en 2017 Rich Higgins, director de Política y Planificación del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, la alianza comunista, socialista, islamista y globalista busca destruir a Estados Unidos, no solo como nación, sino como ideal.
Desde hace tiempo, estas fuerzas subversivas han contado en Latinoamérica con el respaldo del “Estado Profundo”. En Estados Unidos. Barack Obama, Joe Biden, George Soros y otros han colaborado e instigado las maquinaciones del Foro de São Paulo, al igual que agentes del Departamento de Estado y la comunidad de inteligencia.
En ese contexto, la “Operación Resolución Absoluta” del presidente Trump no fue un mero ataque militar o una operación de aplicación de la ley; fue un desafío frontal a las peligrosas redes globales que han estado estrechando su control sobre América Latina (y Estados Unidos) durante una generación. La operación se ejecutó impecablemente. Si fue prudente o constitucional se debatirá durante meses, si no años.
Existían similitudes obvias con la captura del dictador panameño Manuel Noriega. El profesor de derecho Nicholas Creel, del Georgia College and State University, argumentó que la fiscalía debía tener un caso contundente.
Al igual que Noriega, Maduro enfrenta cargos federales por narcotráfico. Al igual que Noriega, fue capturado mediante operativos militares realizados sin autorización del Congreso. Al igual que Noriega, seguramente Maduro alegará inmunidad de jefe de Estado y usurpación de dominio, pero a menos que los tribunales estén dispuestos a revocar un precedente claro, ninguna de estas defensas lo salvará.
En Miami y lel resto del mundo, la diáspora venezolana, los millones de víctimas del régimen obligadas a huir de su país celebraron las acciones de Trump. Pero en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el PCCh e incluso algunos aliados de Estados Unidos condenaron la operación como una violación del “derecho internacional” y de la soberanía venezolana.
Queda por ver qué viene después. Trump dice que Estados Unidos “gobernará” Venezuela por ahora. La “vicepresidenta” venezolana Delcy Rodríguez afirma que Maduro todavía es presidente, criticó el “secuestro” y afirmó que tenía un “tinte sionista”. También algunos partidarios de Trump se mostraron poco entusiastas. Una preocupación clave: ciertamente no faltan criminales poderosos, peligrosos y subversivos sueltos en Estados Unidos.
Pero Trump ya ha indicado que otros criminales latinoamericanos en el gobierno, especialmente el líder marxista fuera de control de Colombia, Gustavo Petro (llevado al poder por Obama, Soros y amigos) podría ser el siguiente. El “presidente” Petro, un “ex” terrorista, perdió recientemente su visa estadounidense por decirle públicamente a las tropas estadounidenses que desobedecieran al presidente Trump y “apoyaran a la humanidad” mientras estaba en la ciudad de Nueva York para la Asamblea General de la ONU.
Los analistas y el propio Trump sugirieron que la operación contra Maduro también representa una reafirmación dramática de la política exterior articulada por el presidente James Monroe. Sostiene que el gobierno de Estados Unidos rechaza los intentos de gobiernos extranjeros de imponer sus ideologías, sistemas o controles subversivos en el hemisferio occidental.
Durante casi dos siglos, esa doctrina sirvió como una clara advertencia de que el gobierno de Estados Unidos no aprobaba que imperios extranjeros se inmiscuyeran en las Américas o las dominaran. Irán y otros países fueron a menudo bien recibidos en la región: construyeron puertos, entrenaron fuerzas de seguridad, adoctrinaron a los jóvenes y compraron a las élites políticas.
La cooperación entre comunistas latinoamericanos y terroristas y subversivos locales en Estados Unidos ha sido clara al menos desde los años setenta del siglo pasado. De hecho, Weather Underground colaboraba con la inteligencia cubana cuando bombardeó el Pentágono, el Departamento de Estado, el Capitolio y otros objetivos hace unas cinco décadas. El fundador de Weather Underground, Bill Ayers, liberado por un tecnicismo, se dedicó a la educación y luego impulsó la carrera política de Barack Obama.
El agente del FBI Larry Grathwohl, quien se infiltró en el grupo terrorista de Ayers, su objetivo era desestabilizar a Estados Unidos mediante una revolución, invitar a potencias comunistas hostiles a ocupar zonas del país y luego “reeducar” a los estadounidenses en campos de concentración. Quienes no pudieran ser reeducados —unos 25 millones— serían exterminados.



