A la redacción de Arcadia News&Views llegó un mensaje de un ciudadano venezolano en el exilio que permanece en el anonimato y que compartimos para que se conozcan las estupideces que algunos repiten desde la comodidad que permite el capitalismo del mundo libre. Todos son campeones para criticar todo lo que de haga desde países libres para liberar a pueblos oprimidos por dictaduras y con esta una guía ampliada para entender a Venezuela, esperamos que se exigan más sensatez para opinar.
(Anónimo)
Si estuviste en mute, en silencio, los últimos 27 años, tengo algo de decirte, querido preocupado de última hora. Sabemos que cada vez que escuchas la palabra intervención en una noticia sobre Estados Unidos, automáticamente activas, como otros titanes de la soberanía el modo imperialismo-colonialismo, desde la comodidad del sofá, en un país democrático y con supermercados llenos.
Antes de dictar cátedra en las redes sociales respiren y acepten que para nosotros los venezolanos esto no va de geopolítica ni de debates teóricos de salón, va de sobrevivir. Por primera vez en 27 años sentimos que alguien hizo algo. No que lo debatió, no que lo condenó, no que lo evaluó, lo hizo. No estamos celebrando la guerra, celebramos la posibilidad, remota pero real, de que termine la pesadilla.
Aquí les tengo una explicación con peras, manzanas, y un poquito de memoria histórica.
La falacia del experto de sofá o el eterno y tú qué hubieras hecho. Siempre aparece alguien diciendo que “la violencia no es la vía”, “las cosas deben resolverse por la vía democrática”. Suena bonito, suena civilizado, académico. Pero permíteme preguntarte algo sincero y sin sarcasmo: ¿Cómo lo hubieras hecho tú?
No me digas lo que no harías, dime la alternativa realista. ¿Elecciones? Las hubo varias y se las robaron todas. ¿Diálogo? Fueron años de diálogos, mediaciones, mesas, foros, encuentros. Mientras dialogábamos, ellos se encarcelaban, torturaban y compraban más fusiles y sistemas para espiar y controlar la población. ¿Presión internacional? Hubo sanciones, denuncias, informes de la ONU. ¿Resultado? Cero.
La verdad incómoda es esta. Si fuera por ustedes y su distancia moralmente cómoda, no se hubiera hecho nada. Mientras tanto se nos fue la juventud, el país y la vida. No, tu título universitario no te pone por encima del dolor de un pueblo, tu doctorado no resucita a los ejecutados, tu neutralidad no alimenta a un niño hambriento.
Vienen a robarse el petróleo dicen por otro lado. Ya se lo estaban robando. Cada vez que pasa algo en Venezuela aparece el argumento comodín: Quieren el petróleo. Pero, hablemos claro, el petróleo se lo estaban llevando rusos, chinos, iraníes, cubanos y muchos socios del Caribe anglófilo. Y no hay contraprestación ni siquiera en turismo cultural. Aunque saqueaban, destruían PDVSA, exprimían el país, el venezolano seguía pobre, hambriento y reprimido. Con la intervención de Estados Unidos también hay intereses económicos, claro que los hay. El mundo funciona así desde que existe la humanidad.
Desde el dolor más crudo, muchos venezolanos pensamos que si la condición para recuperar la libertad es que se queden con parte del petróleo, pues que se lo queden. ¿De qué sirve que el petróleo sea nuestro si el pueblo muere de hambre en su propio país? La riqueza nacional no es riqueza si sólo enriquece a un tirano, a su familia y a quienes lo mantienen en el poder.
¿Dónde estaba toda esa preocupación cuando se le regalaron hasta 200.000 barriles diario de petróleo a Cuba y la patente de la Orimulsión a China ? Aquí es donde uno no sabe si reír o llorar. Durante años se desplomó la producción petrolera, cerraron empresas, industrias, fábricas, colapsó el sistema de salud y en el mundo progresista sensible solo hubo silencio.
Más de 8 millones de venezolanos caminando por selvas, huyeron por caminos, fronteras, madres pariendo en carreteras, niños durmiendo en terminales, pero imperó el silencio. Hubo presos políticos, torturas, desapariciones, persecución, adolescentes golpeados, estudiantes asesinados, periodistas encarcelados, y se impuso silencio.
Ahora aparecen defensores de la soberanía, analistas de escritorio, filósofos del pacifismo selectivo preguntando ¿y por qué se meten ahora? La respuesta es corta y contundente: porque cuando gritamos solos nadie escuchó.
Ahora, cuando el pueblo venezolano respira con alguna esperanza, sí opinan. Las matemáticas de la empatía, para el que aún no lo entiende, antes de opinar sobre Venezuela lean estos números sin mirar al otro lado: 36.800 víctimas de tortura, 10.000 ejecuciones extrajudiciales, 18.305 presos políticos, 90% de un país sumido en la pobreza, hospitales sin insumos, niños desnutridos, abuelos buscando comida entre la basura. No es un debate ideológico, es una tragedia humana.
Lo decimos sin miedo. Entre soberanía con tortura e intervención con esperanza, preferimos la segunda mil veces. La verdadera pérdida de soberanía no es que intervenga otro país, es que tu propio gobierno te trate como enemigo.
Lo que realmente queremos no es el petróleo. Queremos cosas sencillas, humanas. Volver a hablar sin miedo, a trabajar sin huir, a votar sin fraudes, caminar sin miedo a ser detenidos. Queremos que los que se fueron puedan volver y ver familias reunidas, por fin. Mientras algunos piensan en geopolítica y barriles de crudos, nosotros pensamos en abrazar a mamá, volver a casa, ver crecer a nuestros hijos en su país. Es lo que duele y lo que importa.
Si de verdad les importan los venezolanos, no lloren por la soberanía de un régimen que y entregó el país. No defiendan desde la distancia lo que nosotros hemos sufrido en carne viva.
La operación duró unos minutos y por primera vez en décadas vemos una luz cierta. No celebramos la guerra sino la posibilidad de volver a ser país, de volver a reunirnos, de volver a vivir. Sigan viendo, pero sabiendo lo que miran.
Esa es la carta desde un venezolano exiliado que reúne todo, cifras incluidas, de lo que es un drama real, concreto, sin divagaciones, sin romanticismos, sin grandilocuencias. El grueso de los venezolanos no está con el discurso de la falsa moralidad, de la falsa cesión de soberanía. Están viendo que hay que seguir luchando hasta el final.



