Aunque las cifras oficiales de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) registran una disminución en la prevalencia del hambre en Venezuela, un nuevo informe regional pone en evidencia un problema estructural más profundo: el deterioro nutricional que afecta especialmente a mujeres y niños, impulsado por la falta de acceso a dietas saludables y la persistente inflación de los alimentos.
Según reportes de medios como Correo del Caroní y NTN24, el panorama es dual. Por un lado, Venezuela muestra avances cuantitativos en la reducción de la subalimentación (prevalencia de undernourishment), alineados con la tendencia regional de cuatro años consecutivos de baja en hambre e inseguridad alimentaria en América Latina y el Caribe. Por otro, la calidad nutricional de lo que se consume sigue deteriorándose, generando malnutrición en sus distintas formas: deficiencias de micronutrientes, riesgos en gestantes y lactantes, y problemas de crecimiento en la infancia.
El Panorama Regional de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición 2025 (publicado en 2026) de la FAO, junto a IFAD, PAHO, UNICEF y WFP, destaca que, pese a los progresos, persisten desigualdades y el costo de una dieta saludable en la región —incluida Venezuela— supera el promedio global. En el país, la inflación de alimentos y la limitada accesibilidad económica mantienen a muchos hogares en una vulnerabilidad crónica.
Impacto diferenciado en mujeres y niños
Las alertas se centran particularmente en mujeres y niños. Datos complementarios de Cáritas Venezuela (Boletín SAMAN, marzo 2026) revelan cifras preocupantes: en 19 estados monitoreados, la desnutrición aguda global (moderada y severa) afectó al 11,1% de los niños evaluados menores de 5 años, un nivel consistente con una situación de crisis (Fase III según la Clasificación IPC). Además, cerca del 30% de los niños evaluados estaba en desnutrición aguda o en riesgo.
En mujeres gestantes y en período de lactancia, el 27% presentaba riesgo nutricional, cifra que se eleva al 44,8% entre las adolescentes embarazadas. La tendencia ha sido creciente desde finales de 2025. UNICEF también ha estimado que alrededor de 680.000 niños, niñas y adolescentes requieren asistencia humanitaria urgente.
Estos problemas no son solo cuantitativos. La malnutrición afecta el desarrollo cognitivo y físico de los niños, aumenta riesgos maternos y perpetúa ciclos de pobreza. Expertos señalan que las familias reducen primero el consumo de proteínas y alimentos nutritivos ante el aumento de precios, optando por dietas monótonas y energéticamente suficientes pero deficientes en micronutrientes.
Contexto y desafíos persistentes
La inflación alimentaria sigue siendo un factor clave. Aunque hay reportes de mejoras en producción local y esfuerzos conjuntos entre FAO e instituciones venezolanas (como el Instituto Nacional de Nutrición) para promover dietas saludables 4S (sanas, sabrosas, seguras y soberanas), el acceso efectivo sigue limitado por poder adquisitivo y disrupciones recientes, como los efectos de los terremotos de junio 2026.
El informe regional de la FAO subraya que, si bien el hambre ha bajado, la región —y Venezuela en particular— no está en ruta para cumplir la mayoría de las metas nutricionales de los ODS para 2030. La obesidad en adultos también avanza en paralelo, configurando la llamada “doble carga de la malnutrición”.
Organizaciones humanitarias continúan llamando a fortalecer intervenciones integrales: apoyo a la producción local, suplementación de micronutrientes, educación nutricional y protección social focalizada en mujeres y niños.
Venezuela ilustra una lección regional: reducir el hambre en números no es suficiente si no se garantiza una nutrición adecuada. Mientras las estadísticas macro muestran avances, la realidad micro —en los cuerpos y el futuro de mujeres y niños— exige atención urgente y políticas integrales que vayan más allá de la disponibilidad calórica.


