La noche en que colapsó la defensa aérea venezolana

La noche en que colapsó la defensa aérea venezolana

Un informe técnico sobre la “Operación Absolute Resolve” describe cómo el escudo antiaéreo más costoso de Sudamérica fue burlado en minutos: radares inoperativos, fallas de mantenimiento, rutas de penetración sin cobertura y dependencia tecnológica de China y Rusia. El mito militar quedó expuesto.

La madrugada del 3 de enero de 2026 dejó al descubierto una verdad demoledora para el poder en Caracas: la defensa antiaérea venezolana, presentada durante años como un sistema inexpugnable, se derrumbó en cuestión de minutos ante la operación estadounidense bautizada “Absolute Resolve”, que permitió una extracción aerotransportada en pleno corazón de Fuerte Tiuna con resistencia marginal defensa aérea.

El documento examina la arquitectura formal del sistema –el Comando de Defensa Aeroespacial Integral (CODAI), la red de radares y los misiles de origen ruso– y concluye que la brecha entre la teoría y la práctica fue decisiva: una combinación de negligencia logística, fallas estructurales y errores de mando convirtió la supuesta muralla aérea en un decorado vulnerable.

Un sistema complejo… en papel

Según la descripción institucional, el CODAI coordina brigadas regionales de defensa aérea, centros tácticos de comando y una red de vigilancia distribuida en todo el país, apoyada en radares móviles, estaciones civiles de control aéreo y enlaces de comunicaciones TETRA defensa aérea.

El informe detalla la división territorial del sistema en siete brigadas –Occidente, Llanos, Central, Oriente, Guayana, Marítima-Insular y Andes–, complementadas por grupos de vigilancia regional y centros tácticos encargados de vectorizar amenazas en tiempo real defensa aérea.

Sobre el papel, se trata de una cobertura nacional escalonada. En la práctica, no funcionó.

El documento califica la situación como una “confianza criminal” en sistemas que no estaban en condiciones de responder ante un adversario tecnológicamente superior.

Radares degradados y dependencia externa

El dossier sostiene que Venezuela adquirió al menos 38 sistemas de radar fabricados en China durante las dos últimas décadas, además de equipos rusos y suecos. Sin embargo, varios de los modelos principales –incluidos JYL-1, JY-11B y JH-12– presentan “baja operabilidad” por falta de repuestos y soporte técnico tras los embargos occidentales defensa aérea.

Imágenes de inteligencia de fuentes abiertas citadas en el texto sugieren que hasta la mitad de algunos radares podría estar fuera de servicio, aunque la cifra no ha sido confirmada por inspecciones directas. El propio informe admite que el sistema aún conserva activos suficientes para una cobertura “moderada”, una formulación que contrasta con la retórica oficial de supremacía aérea defensa aérea.

Las debilidades se concentran en tres áreas:

– Altas exigencias de mantenimiento y dependencia técnica de proveedores chinos y rusos.
– Estado operativo incierto de varios sensores críticos.
– Vulnerabilidades de mando y control derivadas de la heterogeneidad del sistema defensa aérea.

Misiles modernos, integración frágil

En materia de armamento, el CODAI despliega misiles rusos Pechora-2M, Buk-M2 y Antey-2500, además de MANPADS Igla-S y RBS-70, integrados con artillería antiaérea modernizada. El informe reconoce que el arsenal es considerable, pero su eficacia depende de una red sensorial y de comunicaciones que esa noche falló defensa aérea.

La conclusión es demoledora: sin detección temprana fiable ni coordinación fluida, incluso los sistemas más sofisticados quedan ciegos.

FANB
Radar JZ/QF-612

La ruta de entrada

Uno de los pasajes más sensibles del análisis describe cómo la operación estadounidense explotó “valles y sombras” del terreno, corredores de baja cobertura radar y deficiencias en la superposición de sensores para penetrar el espacio aéreo sin ser detectados a tiempo. La ofensiva combinó ataques electrónicos, supresión de defensas y navegación por rutas previsibles pero mal cubiertas defensa aérea.

El documento califica la situación como una “confianza criminal” en sistemas que no estaban en condiciones de responder ante un adversario tecnológicamente superior.

mapa antiaéreo

El golpe simbólico

Más allá del plano técnico, el informe apunta a un impacto político y estratégico: la operación no solo expuso fallas operativas, sino que desmontó el principal argumento disuasivo del chavismo frente a una intervención extranjera. El mito del escudo aéreo, construido durante dos décadas de compras militares, quedó erosionado en una sola madrugada defensa aérea.

La defensa aérea venezolana sigue existiendo, pero ya no es la barrera infranqueable que proclama la propaganda estatal. La brecha entre inversión, mantenimiento y capacidad real se volvió visible. Y, en escenarios militares, esa distancia suele ser letal.

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