El fundador y editor del diario crítico de Hong Kong fue sentenciado bajo la Ley de Seguridad Nacional tras un juicio sin jurado. Organizaciones internacionales denuncian persecución política y alertan por su deterioro físico.
Jimmy Lai, el empresario católico que desafió con Apple Daily al poder chino, fue condenado a veinte años de prisión en Hong Kong, en la sentencia más severa dictada contra un editor desde la imposición de la Ley de Seguridad Nacional en 2020. El fundador del diario, encarcelado desde agosto de ese año, se declaró preso político y negó los cargos de conspiración con fuerzas extranjeras y difusión de publicaciones sediciosas.
El veredicto culminó un juicio sin jurado que se prolongó durante dos años y que las organizaciones internacionales describen como el proceso más emblemático de la nueva etapa represiva en la excolonia británica. En diciembre pasado, el tribunal lo declaró culpable de utilizar la estructura corporativa y editorial de Apple Daily para impulsar —según la Fiscalía— una campaña destinada a promover sanciones internacionales contra Pekín y Hong Kong, con el objetivo último de provocar el colapso del Partido Comunista chino.
La escena en el Tribunal de West Kowloon fue tensa. La sala, abarrotada, estalló en gritos al conocerse la condena. Entre el público se encontraban su esposa, Teresa Li Wan-kam, el cardenal retirado Joseph Zen, diplomáticos occidentales y antiguos empleados del periódico clausurado en 2021 tras redadas policiales y la congelación de activos.
Fuera del edificio, un amplio dispositivo de seguridad blindó la zona. Los agentes requisaron objetos considerados simbólicos de las protestas prodemocráticas de 2019: un peluche de la rana Pepe, un llavero con el logo de Apple Daily. La imagen del control policial reforzó el mensaje que rodea el caso: el juicio a Lai no es solo penal, sino político.
La sentencia deja al magnate, hoy con 78 años, en prisión al menos hasta 2044, salvo que se beneficie de una reducción por buen comportamiento. Su estado de salud —marcado por hipertensión, diabetes, problemas cardíacos y un deterioro físico documentado por su familia— ha convertido el castigo en una posible condena a morir encarcelado.
En el mismo proceso fueron sentenciados seis antiguos directivos del diario, que en 2022 se declararon culpables de colusión a cambio de rebajas de pena y testificaron contra Lai, junto a otros dos activistas. Las condenas oscilaron entre seis y diez años de cárcel. Apple Daily, durante décadas el principal diario crítico con el poder en Hong Kong, dejó de publicarse en junio de 2021, después de que la policía allanara su redacción y arrestara a su cúpula.
El caso ha provocado una reacción diplomática inusual. Estados Unidos, Reino Unido, la Unión Europea, Canadá y Australia han pedido su liberación, subrayando su ciudadanía británica y apelando a razones humanitarias. El presidente estadounidense expresó “tristeza” por el fallo, mientras su secretario de Estado reclamó públicamente la excarcelación del editor.
Organizaciones de defensa de la prensa han sido aún más contundentes. El Comité para la Protección de Periodistas calificó el proceso de “farsa histórica” que destruye el legado de Hong Kong como enclave de libertad informativa en Asia. Reporteros Sin Fronteras habló de una condena que expone el colapso de la prensa independiente en la ciudad.
Las autoridades hongkonesas y Pekín rechazan esas críticas. Insisten en que los tribunales actuaron con independencia y acusan a gobiernos extranjeros y ONG de promover la injerencia en asuntos internos. La Ley de Seguridad Nacional, sostienen, es indispensable para restaurar el orden tras las protestas masivas de 2019.
Para Lai y sus defensores, la disputa es más profunda. El empresario —convertido al catolicismo y respaldado por figuras prominentes de la Iglesia local— ha repetido que su delito fue sostener una redacción incómoda para el poder y defender una concepción liberal del periodismo: confrontar, fiscalizar, publicar sin permiso.
En el Hong Kong posterior a 2020, esa idea se ha vuelto punible.



