La disposición de escombros generados por el terremoto que afectó al litoral central venezolano ha encendido las alarmas entre especialistas y organizaciones ambientales, luego de que se denunciara que parte del material proveniente de edificaciones colapsadas estaría siendo arrojado al mar en el sector de Tanaguarena, una práctica que, de confirmarse, podría ocasionar graves daños al ecosistema marino y representar un riesgo para la salud pública de las comunidades costeras.
Ambientalistas y expertos en gestión de desastres advierten que el mar no constituye un sitio adecuado para la disposición final de residuos de construcción y demolición. Aunque una parte de los escombros está compuesta por concreto, bloques y materiales inertes, también pueden contener pinturas, metales, plásticos, combustibles, asbestos, cables, tuberías y otros elementos potencialmente contaminantes que alteran la calidad del agua y afectan la biodiversidad marina.
Las denuncias surgieron tras la difusión de imágenes y videos en los que se observa maquinaria pesada descargando grandes volúmenes de escombros en la costa de Tanaguarena. De acuerdo con especialistas consultados, esta práctica puede modificar el fondo marino, destruir hábitats de peces e invertebrados, afectar arrecifes y praderas marinas, aumentar la turbidez del agua y reducir los niveles de oxígeno necesarios para numerosas especies.
Los expertos señalan además que las consecuencias podrían extenderse más allá del impacto ambiental. La acumulación de residuos en zonas costeras favorece la proliferación de microorganismos, dificulta la circulación natural del agua y puede convertirse en un foco de contaminación que afecte actividades como la pesca artesanal, el turismo y el uso recreativo de las playas.
En materia de salud pública, advierten que el deterioro de la calidad del agua podría incrementar la exposición de la población a bacterias y otros agentes contaminantes, especialmente si entre los escombros existen residuos provenientes de viviendas, comercios o instalaciones con materiales peligrosos. También alertan sobre la posibilidad de que partículas contaminantes ingresen a la cadena alimentaria mediante peces y moluscos capturados en la zona.
Especialistas en manejo de emergencias recuerdan que, tras grandes terremotos, los protocolos internacionales recomiendan clasificar, reciclar y disponer los escombros en áreas especialmente acondicionadas para minimizar el impacto ambiental. Entre las alternativas se encuentran el reciclaje de concreto para obras civiles, la reutilización de materiales y la disposición controlada en rellenos autorizados, evitando su descarga directa en cuerpos de agua.
Asimismo, subrayan que una adecuada gestión de los residuos permite reducir costos de reconstrucción, recuperar materiales aprovechables y prevenir daños ambientales que, en muchos casos, resultan más costosos y complejos de remediar que la propia emergencia inicial.
Diversos sectores han solicitado a las autoridades ambientales y municipales informar públicamente sobre el destino de los escombros generados por el terremoto, los criterios técnicos empleados para su disposición y las medidas de monitoreo implementadas para evitar impactos sobre el ecosistema marino del litoral central.
La emergencia provocada por el terremoto no concluye con las labores de rescate y remoción de escombros. Para especialistas consultados, la forma en que se gestionen millones de toneladas de residuos durante la etapa de recuperación será determinante para evitar que una tragedia natural derive en una crisis ambiental y sanitaria de largo plazo.


