Cómo salir de las dictaduras narcoterroristas

Cómo salir de las dictaduras narcoterroristas

Hay que cesar su sistema jurídico, no negociar impunidad e ilegalizar sus instrumentos políticos

Carlos Sánchez Berzaín / INTERAMERICAN INSTITUTE FOR DEMOCRACY

Los pueblos de las Américas viven un tiempo de esperanza y expectativa ante la posibilidad de que las dictaduras narcoterroristas que someten a Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia terminen, y finalicen décadas de narcoestados, terrorismo de Estado y guerra híbrida contra las democracias.

La política exterior de Estados Unidos se propone sacar del gobierno a los criminales que lo detentan, pero sacarlos del poder es una tarea interna que solo es posible terminando su sistema jurídico, procesando y sancionando a los delincuentes e ilegalizando los instrumentos políticos del narcoterrorismo.

La identificación por Estados Unidos y su correlato la Operación Lanza del Sur de los cárteles y mafias narcoterroristas como detentadores del poder político ha cambiado la geopolítica. “Lanza del Sur” es una operación en curso, liderada por el Comando Sur y una Fuerza de Tarea Conjunta, descrita por el secretario de Guerra de EE UU como la “misión que defiende nuestra patria, expulsa a los narcoterroristas de nuestro hemisferio y protege a nuestra patria de las drogas que están matando a nuestra gente. El hemisferio occidental es la vecindad de EE UU, y la protegeremos”.

El cambio es estratégico. Saca de la esfera de la política, de la representación de países, de la condición de representantes de Estados y de la posición de sujetos de derecho internaciona,l a los grupos narcoterroristas que usurpan el poder. Comenzando por Venezuela, Nicolás Maduro no es más un dictador, es el jefe del “cartel de los soles” y “su gobierno” es un grupo delictivo organizado.

Este reconocimiento del estatus criminal de Maduro y su cartel de los soles como usurpadores de la soberanía de Venezuela es más que el desconocimiento de un régimen dictatorial y usurpador, es “la identificación del enemigo” agresor de EE UU y de las democracias con narcoterrorismo y otros medios de guerra híbrida.

No es un conflicto entre EE UU y Venezuela. Es una operación de defensa para frenar la agresión con drogas y terrorismo. Una consecuencia será restituir la soberanía a Venezuela. No se confrontan dos sujetos de derecho internacional, se ejecuta una acción de “cumplimiento de la ley” contra criminales. Maduro y su banda tienen hasta 50 millones de dólares de recompensa por su captura.

El esfuerzo del grupo de delincuencia organizada trasnacional que se denomina “socialismo del siglo 21” se empeña en continuar con la narrativa de institucionalidad estatal de Maduro. Saben que su captura o caída es la de todo el colectivo criminal dirigido por la dictadura de Cuba. Por eso vemos en acción a Díaz-Canel, a Petro, a Lula, a Sheinbaum y más.

El cartel de los soles es la trinchera final de la defensa del grupo delictivo que somete a Cuba desde hace 67 años y que ha expandido su sistema en las Américas. Se instaló en Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Ecuador con Correa y en gobiernos para dictatoriales de Brasil con Lula, México con López Obrador y Sheinbaum, Colombia con Petro, Chile con Boric y Honduras con Castro.

En el siglo pasado las democracias fueron atacadas por el narcoterrorismo foquista (castrista) como el de las FARC, el ELN, el M-19 en Colombia o Sendero Luminoso y el MRTA en Perú, y más. Fueron penetradas por “narcovínculos” como el caso Samper en Colombia; pero con el socialismo del siglo XXI el narcoterrorismo tomó el poder y suplantó la política. En el siglo pasado, los narcoterroristas financiaban candidatos para influir en gobiernos, pero en este tomaron el poder y establecieron el terrorismo de Estado como método de dominación interna y el terrorismo internacional como expansión y dominación.

El narcoterrorismo en las Américas tiene control y condición de “sujeto de derecho internacional” con la suplantación del poder en Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia y Ecuador con Correa, organizando su estructura de soporte con el control de gobiernos como los de Kirchner en Argentina, Lugo en Paraguay, Humala en Perú, Boric en Chile, Lula en Brasil, López Obrador y Sheinbaum en México, países del Caribe y más, al punto que en la Cumbre de las Américas de Panamá 2015 la dictadura de Cuba fue tratada como líder de Latinoamérica.

Narcoterrorismo suplantando soberanías y detentando condición de sujetos de derecho internacional, con inmunidades y privilegios, con protección diplomática, con embajadas ejerciendo “diplomacia del terror”, con expansión en organismos internacionales (como el control de la OEA de Insulza y varios organismos especializados de la ONU), participando y manipulando elecciones nacionales y locales, son el panorama soñado de la delincuencia en el poder en lugar de solo influir en la política, pero son la realidad objetiva de las Américas en el siglo 21.

Esta es la aberración que la Operación Lanza del Sur ofrece corregir liberando a pueblos que sometidos por el terrorismo de Estado luchan por décadas en condiciones de desigualdad. Separar al narcoterrorismo del gobierno es solo el principio porque los líderes nacionales tienen la misión de asumir el gobierno y recuperar el poder, para lo que es imprescindible “terminar el sistema jurídico de la dictadura, no aceptar acuerdos de impunidad e ilegalizar los instrumentos políticos del narcoterrorismo”.

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