Civiles vs. uniformados: La fractura que dejó al descubierto el terremoto en La Guaira

Civiles vs. uniformados: La fractura que dejó al descubierto el terremoto en La Guaira

Mientras los venezolanos escarbaban con sus manos y palas entre los escombros de edificios derrumbados en La Guaira, buscando a sus familiares con desesperación, los equipos militares de rescate del régimen de Delcy Rodríguez brillaban por su ausencia.

Así lo denuncia un amplio reportaje publicado este miércoles, que pone en evidencia la lenta y cuestionada respuesta de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) tras los fuertes terremotos que sacudieron el norte del país el pasado 24 de junio, considerados la peor tragedia natural en tres décadas.

En las primeras horas tras el desastre, cuando ya se conocía la magnitud de la catástrofe, vecinos y voluntarios civiles asumieron prácticamente solos las labores de búsqueda y salvamento. Sin maquinaria pesada, sin tecnología especializada y con recursos mínimos, lograron extraer sobrevivientes de edificios colapsados como el de 14 pisos en la urbanización La Páez, donde Diego Flores pasó ocho horas atrapado junto a su padre. Su madre y su hermano murieron aplastados. “Gracias a la comunidad es que fuimos salvados muchos sobrevivientes. Aquí no llegaron los cuerpos del Estado”, declaró Flores en una entrevista televisiva.

Periodistas internacionales y corresponsales que llegaron a la zona coinciden: durante los primeros días no se observaban uniformados desplegados en masa realizando rescates. Apenas algunos bomberos y personal de Protección Civil con equipamiento insuficiente. Solo días después, cuando ya habían arribado rescatistas extranjeros de más de 30 países —incluyendo equipos con perros de búsqueda y apoyo coordinado por el Comando Sur de Estados Unidos—, comenzaron a aparecer militares en las zonas afectadas, principalmente dirigiendo tráfico o participando en operativos de distribución de ayuda.

Contraste con la tragedia de 1999

El reportaje contrasta esta respuesta con la tragedia de Vargas de diciembre de 1999, cuando intensas lluvias provocaron deslaves que dejaron unos 30.000 muertos. En aquella ocasión, bajo el mando de Hugo Chávez, la Fuerza Armada desplegó rápidamente ingenieros militares, helicópteros, lanchas y maquinaria pesada para coordinar rescates y evacuaciones.

Expertos y generales retirados consultados explican que, desde entonces, la doctrina militar cambió radicalmente: la prioridad pasó a ser el control interno, la represión del “enemigo interno” (opositores) y la garantía de permanencia en el poder, en detrimento de capacidades para atención de desastres naturales y defensa civil.

El gobierno, por su parte, defiende su actuación. Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello han asegurado que se movilizaron más de 26.000 funcionarios, que miles de personas fueron rescatadas de los escombros y que las críticas forman parte de una “campaña mediática de desinformación”. Sin embargo, testimonios en el terreno y videos virales muestran reproches directos de voluntarios a guardias nacionales que, en algunos casos, observaban armados mientras los civiles excavaban.

Con más de una semana transcurrida desde los sismos, la ventana crítica de las primeras 72 horas para hallar sobrevivientes ya cerró, y la ayuda internacional se ha convertido en pieza clave. Mientras tanto, la tragedia ha profundizado la brecha entre la población civil y unas fuerzas armadas que, para muchos venezolanos, llegaron tarde al lugar donde más se les necesitaba.

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