El fracaso militar chino ocurrió en un ataque que le tomó 160 minutos a EE UU

El fracaso militar chino ocurrió en un ataque que le tomó 160 minutos a EE UU

Los radares fueron cegados en la primera oleada de guerra electrónica, mientras que el material pesado en tierra –sin superioridad aérea ni cobertura protectora– fue incapaz de ofrecer el rendimiento de combate esperado y terminó destruido o abandonado.

NC Scout / American Partisan

Durante años, las Fuerzas Armadas venezolanas destinaron sumas considerables a la adquisición de equipamiento militar de fabricación china, con el objetivo de construir lo que el propio régimen calificó como el sistema de defensa “más moderno” de Sudamérica.

En el centro de ese entramado se encontraba una red de defensa aérea articulada en torno al radar antiespíritu JY-27, al que se atribuía la capacidad de contrarrestar eficazmente aeronaves furtivas estadounidenses como el F-22. Asimismo, su Infantería de Marina –equipada con vehículos blindados anfibios VN-16 y VN-18– era considerada ampliamente como una de las fuerzas acorazadas más formidables de la región.

Sin embargo, durante la reciente operación militar de Estados Unidos, estos sistemas de origen chino sufrieron lo que ha sido descrito como una “parálisis catastrófica”.

Los radares fueron cegados en la primera oleada de guerra electrónica, mientras que el material pesado en tierra –sin superioridad aérea ni cobertura protectora– fue incapaz de ofrecer el rendimiento de combate esperado y terminó destruido o abandonado.

Analistas militares sostienen que este episodio pone de relieve la brecha tecnológica que persiste cuando los sistemas de armas chinos se enfrentan a adversarios de primer nivel, como las fuerzas armadas estadounidenses, en entornos complejos de guerra electromagnética y ataques de precisión.

Una línea defensiva de papel: por qué las armas chinas de Venezuela resultaron “impotentes” frente a Estados Unidos

A medida que las operaciones estadounidenses en Venezuela avanzaron con rapidez, la llamada “línea de defensa de acero de Sudamérica”, de la que se esperaba una resistencia feroz, colapsó en un lapso sorprendentemente corto. El conflicto no solo reconfiguró la situación interna venezolana, sino que también expuso a su principal proveedor de armamento –China– a un incómodo ajuste de cuentas técnico.

Durante años, Venezuela fue presentada como un escaparate del material militar chino en América Latina. Sin embargo, los resultados en combate real indican que sistemas promocionados como “capaces de enfrentarse a Occidente” son extremadamente frágiles cuando se enfrentaron a la guerra de sistemas integrados desplegada por Estados Unidos.

El mito “antiespíritu” se desvanece: los radares son los primeros en quedar ciegos

En el núcleo de la red de defensa aérea venezolana se encontraba un conjunto de radares producidos por el China Electronics Technology Group. Las fuerzas venezolanas desplegaron el radar tridimensional de vigilancia de largo alcance JYL-1 y el radar de ondas métricas JY-27, a menudo presentado como un “asesino de aeronaves furtivas”.

Las autoridades afirmaban que el JY-27 podía detectar y fijar blancos como los F-22 y F-35 estadounidenses a cientos de kilómetros y guiar misiles S-300 de fabricación rusa para interceptarlos.

Los resultados del combate muestran, sin embargo, que en cuestión de horas las Fuerzas Armadas de Estados Unidos lanzaron una ofensiva intensa de guerra electrónica. Evaluaciones sobre el terreno indican que las pantallas de radar venezolanas fueron inmediatamente saturadas por potentes interferencias, seguidas de ataques precisos con misiles antirradiación.

La supuesta capacidad “antiespíritu” nunca llegó a materializarse; todo el sistema de mando y control de la defensa aérea quedó prácticamente cegado desde el inicio de las hostilidades.

La antesala política del colapso militar

Horas antes de la operación militar estadounidense, Nicolás Maduro recibió en el Palacio de Miraflores a Qiu Xiaoqi, enviado especial de China para América Latina. El encuentro, reportado por la prensa internacional, contó con la participación de diplomáticos chinos y de la entonces vicepresidenta Delcy Rodríguez. Fue una de las últimas actividades oficiales del mandatario antes de su captura.
Tras una breve espera, el régimen venezolano emitió un comunicado de condena al ataque, mientras Pekín se declaró “profundamente conmocionado” y exhortó a Estados Unidos a respetar el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas. El episodio dejó al descubierto la cercanía política entre Caracas y Pekín en el mismo momento en que, sobre el terreno, el sistema militar chino desplegado en Venezuela colapsaba bajo la ofensiva estadounidense.

Fuerzas blindadas terrestres: una marea de acero abandonada

La Infantería de Marina venezolana había sido considerada durante años como la fuerza anfibia mejor equipada de Sudamérica, en gran medida gracias a un amplio parque mecanizado de origen chino.

Sus principales medios incluían el vehículo de asalto anfibio VN-16, armado con un cañón de 105 mm; el vehículo de combate de infantería VN-18; y el blindado VN-4 “Rinoceronte”, ampliamente distribuido entre la Guardia Nacional. El apoyo de fuego estaba a cargo del sistema lanzacohetes múltiple SR-5.

La experiencia en combate demostró que, sin cobertura aérea ni alerta temprana proporcionada por los radares, estos costosos vehículos anfibios se convirtieron en blancos fáciles para la aviación y los drones estadounidenses.

Imágenes del campo de batalla muestran que muchos vehículos de la serie VN no fueron destruidos en enfrentamientos directos entre blindados, sino abandonados por sus tripulaciones tras ataques aéreos en playas o carreteras.

La artillería de cohetes SR-5, carente de enlaces de datos para la adquisición de blancos, fue incapaz de ejecutar ataques efectivos contra concentraciones de tropas estadounidenses.

armas chinas

La ausencia de poder aéreo y naval

La Fuerza Aérea venezolana, que operaba aeronaves de entrenamiento y ataque ligero K-8W, quedó completamente inmovilizada una vez que Estados Unidos aseguró la superioridad aérea.

Diseñados principalmente para interceptar avionetas del narcotráfico, estos aparatos no tenían ninguna posibilidad de supervivencia en un combate aéreo moderno. De igual modo, las patrulleras armadas con misiles antibuque C-802A vieron anuladas sus capacidades bajo la abrumadora conciencia situacional y la supresión electrónica ejercidas por Estados Unidos.

Una derrota integral del modelo chino de mando y control

Observadores militares sostienen que el fracaso venezolano no se debió a la calidad de un arma específica, sino a una derrota integral del modelo chino de mando y control.

Aunque China suministró hardware avanzado –radares, vehículos blindados y sistemas de defensa aérea–, su capacidad para integrarlos en una red operativa resistente a interferencias y altamente sobreviviente presenta carencias significativas.

 NC Scout es el nombre de guerra de un ex explorador de infantería y sargento de una de las mejores unidades de reconocimiento del Ejército. Ha participado en misiones de combate en Irak y Afganistán.

Las pérdidas de equipamiento militar ruso y chino

Zona Militar /

La operación militar de Estados Unidos en Venezuela, que neutralizó bases aéreas, cuarteles y nodos estratégicos del país, y desalojó a Nicolas Maduro del poder, dejó al descubierto una de las principales debilidades estructurales de las Fuerzas Armadas Bolivarianas: la fragilidad de su sistema de defensa aérea de origen chino frente a un adversario con supremacía en guerra electrónica, inteligencia y ataques de precisión.

Durante el corto tiempo en que duró la operación, los medios estadounidenses lograron degradar y cegar los sensores clave del dispositivo defensivo, abriendo el camino para el empleo de las capacidades aeromóviles expedicionarias del 160th Special Operations Aviation Regiment, unidad conocida como Night Stalkers y los Special Forces Operational Detachment–Delta (1st SFOD-D).

En el centro de la arquitectura defensiva venezolana se encontraba una red de radares suministrados por la China Electronics Technology Group, entre ellos los sistemas JYL-1 de vigilancia tridimensional y el radar de onda métrica JY-27, promocionado durante años como un supuesto “cazador de aeronaves furtivas”. Sin embargo, l<en la a contundente y rápida operación, estos sensores fueron inutilizados en la fase inicial mediante interferencia electrónica intensiva lo que dejó sin capacidad de alerta temprana al sistema de defensa aérea integrado, junto con un corte masivo de energía eléctrica en amplias zonas de Venezuela para desarticular las capacidades de comando y control.

La neutralización de los radares impidió cualquier empleo efectivo de los sistemas antiaéreos de mayor alcance, incluidos los complejos S-300V y Buk-M2, adquiridos a Rusia para conformar una defensa escalonada. A su vez, el ataque de supresión sobre algunos sistemas Buk-M2, al menos 2 confirmados, anularon por completo la capacidad de una respuesta defensiva. Sin enlaces de datos funcionales ni control del espacio aéreo, las unidades antiaéreas quedaron desconectadas del comando central, facilitando la obtención de superioridad aérea total por parte de las fuerzas estadounidenses en cuestión de minutos.

radar chino
TELAR 9A317E. Detalle del radar piin 9S36E ESA / Gonzalo Jiménez Mora

La pérdida del control aéreo tuvo un efecto inmediato sobre las fuerzas terrestres venezolanas, en particular aquellas en áreas circundantes a las áreas de operaciones. Con los efectos de las misiones SEAD, la anulación de las capacidades de comando y control, y la limitación de brindar un paraguas defensivo aéreo a las instalaciones militares, el despliegue de los MH-60M Black Hawk, MH-47G Chinook, así como convertiplanos MV-22 Osprey pudo realizarse con éxito.

Según la comunicación oficial por parte de los EE UU luego de la operación, solo un helicóptero fue alcanzado, pero pudo regresar sin mayores inconvenientes a su punto de origen. Es importante mencionar que visualmente se ha podido confirmar el uso del sistema 9K338 por parte del personal de las FANB, aunque de manera limitada.

Un escenario similar afectó a los medios de apoyo de fuego, unidades blindadas y otros elementos, que parecen haber quedado estáticas frente a la operación militar de Estados Unidos. Se puede estimar que carecieron de información de blancos y coordinación efectiva en un entorno saturado por guerra electrónica. La imposibilidad de integrar sensores, fuegos y maniobra en tiempo real dejó a estas unidades sin capacidad de influir de manera significativa para brindar una respuesta defensiva acorde.

Desde el punto de vista militar, analistas coinciden en que el resultado no se explica por la falla de un sistema puntual, sino por la incapacidad del esquema de comando y control de diseño chino para operar bajo interferencia intensa y ataques multidominio. La operación estadounidense expuso las limitaciones de estas arquitecturas cuando se enfrentan a fuerzas capaces de integrar inteligencia, guerra electrónica, aviación de combate y operaciones especiales dentro de un mismo ciclo operativo. La superioridad no reside únicamente en el hardware, sino en la coherencia y resiliencia del sistema en su conjunto.

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