Mientras los cubanos sufren las peores penalidades desde el triunfo la revolución en 1959, el régimen castrista maniobra para evitar su derrumbe. Anuncia medidas para abrir la economía y adelanta contactos con Estados Unidos, pero sin renunciar a su discurso, a la represión y el terrorismo de Estado.
El “experimento revolucionario” que hace 70 años sacudió al continente, inspiró artistas, y sirvió de ejemplo a políticos e intelectuales, se hunde y arrastra consigo a sus ciudadanos. La terquedad y corrupción interna se han transformado en un cóctel de desgracias.
Pero no hay que engañarse, advierten tres periodistas cubanos. Aunque la dictadura castrista haya encontrado en Trump la excusa para achacarle todos sus problemas, la crisis siempre ha formado parte de la vida de los cubanos. «Han existido desde el mismo 1959 (año en que los revolucionarios tomaron el poder)», dice la periodista del medio El Toque, Melissa Cordero Novo. «Son crisis cíclicas y que se derivan fundamentalmente de una economía estatal que solo ha llevado a la ruina al país y un modelo político ideológico que se sostiene a base de represión y miedo», dice.
A fines de 2024, la Oficina Nacional de Estadísticas e Información publicó que Cuba tenía 9.748.000 habitantes. Más de un millón menos que en 2020. Y cada vez más cubanos emigran. Si antes los apagones se extendían por tres horas, ahora es ese el tiempo que dura la energía eléctrica en un día. Cada vez hay menos automóviles en las calles y la gente debe caminar largos trayectos para comprar comida o útiles de aseo.
El país está paralizado, pero el régimen sigue empeñado en mantenerse en el poder. El 16 de marzo lanzó una serie de reformas económicas que intentan captar inversión extranjera. El viceprimer ministro Oscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino nieto de Fidel y Raúl Castro, hizo el anuncio en «Mesa Redonda», un añoso programa de la televisión oficial dedicado al debate político, pero en donde tampoco se permite la disidencia.
Pérez-Oliva Fraga es un símbolo en un régimen que se jactó de buscar la igualdad social, pero que mantiene una serie de personajes que caen en la categoría de «nepobabies» revolucionarios. Todos con el apellido Castro, todos vinculados con los integrantes del buró político del Partido Comunista Cubano.
Por los constantes apagones, muy pocos lo vieron, pero el audio circuló por redes sociales. La novedad es que la reforma permitiría a los cubanos residentes en el exterior invertir y poseer negocios en la Isla, incluidos los que viven en Estados Unidos. Una medida que contradice décadas de economía centralizada y estatizada, y de marxismo al estilo soviético. “Es una compra de tiempo por parte del régimen», dice Pablo Díaz Espi, director de El Diario de Cuba.
Díaz, exiliado en España, afirma que las medidas llegan tarde y vienen de un gobierno que no es confiable. «Es un estado que ha robado cualquier riqueza y cualquier iniciativa a la sociedad cubana a lo largo de las décadas sin dejar de prometer reformas y libertades económicas», agrega.
El poder monopólico de Gaesa
El actor clave en el drama cubano es Gaesa (Grupo de Administración Empresarial S.A.). La mayor empresa estatal del régimen y que controlan las fuerzas armadas. Cuba pasó de una economía planificada de corte estalinista, a un «capitalismo de amigos, en que un grupo empresarial manejado por el ejército, se adueñó de las riquezas del país, las administra y no rinde cuentas».
Pablo Díaz Espi, no cree que a los cubanos en el exterior les interese invertir en su país de origen. «Nadie va a llevar recursos a un país en el que ya no hay electricidad, no hay economía ni hay independencia judicial. Hay miles de empresarios que invirtieron en Cuba antes y que no pueden retirar sus activos», añade.
El reportaje “La matrioska de los negocios cubanos” explica cómo la estructura empresarial de Gaesa enriqueció a los más cercanos a las cúpulas político-militares. Controla operaciones en el turismo, el transporte marítimo, la fabricación de explosivos, inversiones inmobiliarias, supermercados y tiendas minoristas, estaciones de gasolina, servicios financieros y de telecomunicaciones.
Aunque un artículo de The Economist señala que los resultados económicos han contribuido a la crisis con un desastroso plan turístico –dedicó el 70% de sus inversiones en la construcción megalómanos complejos hoteleros que permanecen vacíos–, Gaesa es una fuente de ingresos multimillonarios para la familia Castro. Los nietos de los revolucionarios originales acceden a altos cargos y presumen una vida de lujos, mientras los cubanos pasan hambre.
El presidente Miguel Díaz-Canel ostenta el principal el principal cargo del régimen, pero es un decorado, es un hombre de paja, se le ve completamente demacrado e inseguro al lado de la esposa aficionada a lucir ropa, zapatos y carteras de marca.
La familia Castro gestiona el verdadero poder. El nieto de Raúl Castro, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, a quien llaman el Cangrejo, estaría participando en las negociaciones con Marco Rubio. Un intento de la familia dueña de Cuba de «intentar salvarse a toda costa sin responder a la justicia, sin perder los privilegios y todo el poder comercial y financiero que han logrado».
Paradójicamente, en medio de una isla acorralada por el hambre y la pobreza, Donald Trump puede haberse convertido en la tabla de salvación para la élite revolucionaria si en Cuba aplica una aproximación similar a la de Venezuela. Trump exige la dimisión de Díaz Canel, que no tiene poder alguno y ascendería a un nieto o sobrino nieto. Sería atornillar a los Castros pero en una versión capitalista.
El secretario de Estado, Marco Rubio, anunció que Estados Unidos restringirá las visas a funcionarios vinculados al programa cubano de médicos, a los que llamó «trabajadores forzosos». La Habana ha utilizado este programa durante décadas como herramienta diplomática, de inteligencia y también como fuente de ingreso de divisas, ya que el estado cubano se queda con buena parte del sueldo de los médicos.
La youtuber Made Reyes muestra en un video de mediados de marzo que debe recorrer toda la ciudad y hacer una larga fila para conseguir algo de arroz. «Hoy no les hablo de política, les hablo de supervivencia. Me levanté temprano con la esperanza de comprar el arroz de la bodega-carnicería y esto fue lo que me encontré: horas de espera, calor, incertidumbre y la lucha diaria de un pueblo por lo más elemental», escribió en la descripción. Las panaderías y mercados están cerrados porque no tienen nada que vender.
En la peor crisis energética, dirigentes de la izquierda de varios países estuvo en La Habana como parte de la flotilla llamada “Nuestra América”, con 20 toneladas de ayuda en alimentos, medicamentos y productos de higiene. Uno de ellos, Pablo Iglesias, fundador de Podemos, luego de reunirse con dirigentes del Partido Comunista Cubano, afirmó que la “situación es ciertamente difícil, pero no tanto como se está presentando desde afuera”.
El cubano Jesús Arencibia, doctor en Literatura Latinoamericana, afirma que régimen es «una dictadura maquillada de poesía». “El discurso antiimperialista es un cuento que quieren creer los intelectuales. Hay un deseo de mantener ese mito, pero nadie medianamente informado lo cree”, agregó.
¿El punto de inflexión en Cuba?
Un día tras otro la sociedad cubana empieza a exigir un cambio. Las primeras grandes protestas se produjeron en julio de 2021, bajo el lema «Patria y Vida». El Gobierno las reprimió con dureza y calificó a los participantes como «traidores a la patria» mientras bloqueaba internet, apresaba manifestantes y perseguía a periodistas.
Lo de ahora es más profundo. La falta de electricidad y alimentos es más intensa. Los cacerolazos suceden todas las noches. Hay ataques frecuentes a sedes del Partido Comunista. Para Melissa Cordero Novo, en Cuba hay un régimen dictatorial opresivo, hay miles de presos políticos y hay desgracia y sufrimiento. Eso debería ser por sí solo de interés internacional.



