La muerte de Alí Jamenei en un ataque de precisión de Estados Unidos e Israel no ha abierto un debate, lo ha cerrado. Un líder eliminado, una ofensiva anunciada y una reacción internacional que evita decir si se ha cruzado una línea. Alejo Vidal-Quadras describe un régimen construido sobre milicias, programa nuclear y control interno, y un escenario en el que el poder no desaparece, se reordena. El problema no es solo qué ocurre en Irán, sino lo que otros están dispuestos a aceptar sin decirlo
Ramón Hernández / El Nacional
La extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores, y su encarcelamiento y prosecución judicial, ocurrió de una manera similar al ataque en el cual murió Alí Jamenei, su esposa y un nieto, y con objetivos finales similares: forzar un cambio de gobierno. Pero esa no es la única semejanza entre dos regímenes que comparten un poderoso enemigo: Estados Unidos. Hay también semejanzas de origen, conducta, alianzas y en muchos otros aspectos, pero la transición será muy distinta.
Alejo Vidal-Quadras, vicepresidente del Parlamento Europeo de 2004 a 2007, y sobreviviente en 2023 de un intento de asesinato ejecutado por mafiosos por encargo de Irán, considera que los dos regímenes son muy parecidos y eso explica la alianza que han mantenido durante 27 años: “Son una casta dictatorial y cleptocrática que saquean las riquezas de su país, con ausencia total de democracia y una represión sin límites sobre la población”.
La teocracia Velayat-e Fagih de los clérigos chiitas no es una herencia medieval sino una doctrina desarrollada en 1979 por el ayatolá Ruhollah Jomeini, mediante la cual el guía supremo tiene la última palabra en todas las decisiones clave del Estado. Su autoridad abarca política, religión, fuerzas armadas, justicia, medios estatales y seguridad. La Presidencia de la República y el Parlamento, elegidos en elecciones condicionadas, están subordinados a su figura.
La incorporación del Velayat‑e Faqih (la tutela por el clérigo de todos los clérigos) en la Constitución de Irán fue un proceso muy parecido a la inserción del bolivarianismo en la carta magna venezolana. En Irán, mediante un “golpe virtual”, los discípulos de Jomeini impusieron su doctrina; en Venezuela, el “Kino Chávez se apropió de 121 de los 128 escaños de la Asamblea Constituyente. Una treta matemática que burló la soberanía popular.
Alejo Vidal-Quadras (Barcelona, 1945) es físico, catedrático de Física Atómica y Nuclear y político español. Desarrolló su carrera académica en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde fue profesor durante décadas antes de dar el salto a la política.
Militante del Partido Popular, presidió el PP de Cataluña entre 1991 y 1996 y fue una de las figuras más visibles del constitucionalismo en esa comunidad. Entre 1999 y 2014 fue diputado en el Parlamento Europeo. Su actividad política se centró en asuntos de política exterior, seguridad y defensa, con especial atención a Irán y Oriente Medio. Después de romper con el PP ha mantenido una presencia activa en el debate público como analista y articulista, con posiciones críticas hacia el régimen iraní, el nacionalismo catalán y las políticas de inmigración en Europa.

—Rusia, Corea del Norte, Irán y Venezuela, con actores secundarios como Cuba o Nicaragua, integran un eje de regímenes hostiles al Occidente democrático. Pero Venezuela ha entrado una fase distinta con la extracción de Maduro, usemos ese eufemismo cortés, y el sometimiento a regañadientes del gobierno, con Delcy Rodríguez a la cabeza, a los dictados de Washington. En Irán, con una situación económica muy deteriorada y después de revueltas que fueron masacradas, el régimen fue atacado en una operación combinada de Estados Unidos e Israel. El sábado 28 de febrero fueron bombardeados centros logísticos y fábricas de misiles, y la residencia de ayatolá supremo, Ali Jamenei, que murió con su esposa y un nieto. Una operación muy seria, no una simple acción quirúrgica, que puede tener varias salidas. Descarto que el nuevo ayatolá se pliegue a las exigencias estadounidenses y se transforme en un Estado tutelado por Washington dada la naturaleza de régimen teocrático. En Venezuela es posible porque no había Estado sino una banda de narcotraficantes; en Irán existe una estructura estatal muy fuerte, con las fuerzas armadas y la Guardia Revolucionaria, y la solución será más radical.
—Trump ha instado al pueblo a salir a la calle y a tomar el poder…
—Mientras, continuarán los ataques. Y si Irán responde atacando las monarquías del Golfo Pérsico, a la poderosísima coalición de Estados Unidos e Israel se unirán Arabia Saudita, Qatar, Emiratos y Dubái y los ayatolas serán aplastados.
—Pero la oposición iraní…
—Tendrá que superar las diferencias y entre todos los grupos generar un gobierno interino que se encargue de convocar una asamblea constituyente que elabore una nueva constitución, para una república secular y democrática. Después se harán las elecciones.
—¿Se corre el riesgo de que ocurra como en Irak y Libia, que se desate una guerra entre chiitas y sunitas, entre laicos y religiosos?
—El temor siempre existe, pero la sociedad iraní es muy madura. A diferencia de otras, posee una clase media muy extensa y un nivel notable de educación medio-alto. Una sociedad vertebrada. No puede caer fácilmente en la descomposición y en el caos. Su estructura civil-social tiene muchos siglos de civilización. La existencia del Estado de Persia funciona como barrera contra el caos. El Consejo Nacional de Resistencia de Irán, el grupo más numeroso y organizado de la oposición, tiene dentro del país una red muy densa de unidades que se podrían activar para que la transición sea ordenada y pacífica.
—¿Hay un plan para la transición?
— La señora Maryam Rajavi, la presidenta del Consejo Nacional de Resistencia de Irán, presentó hace tiempo un plan en diez puntos que orientaría el futuro de Irán y un plan de transición para pasar de una dictadura teocrática, criminal, represiva, terrorista y corrupta a una democracia decente. La gran tarea del Irán ahora es dejar atrás el horror del régimen de los ayatolás y pasar a una república laica, democrática, con elecciones libres, con imperio de la ley, con igualdad hombre-mujer, sin armas nucleares, con reconocimiento de los derechos civiles y de las libertades políticas, con reconocimiento de las autonomías de las distintas minorías étnicas.
—También puede pasar que se impongan los líderes de la Guardia Revolucionaria…
—Le repito, Irán es una sociedad articulada, madura, culta. Su naturaleza le previene de caer en un caos tipo Libia. Los gobiernos occidentales deberían apoyar un gobierno provisional integrado por gente que no haya tenido ninguna relación con el régimen del Velayat-e Fagih. Un gobierno presidido por la líder de la principal fuerza de la oposición, la señora Maryam Rajavi, la María Corina Machado de Irán, tiene desde 1981 el compromiso de convocar una asamblea constituyente para abolir la constitución teocrática y redactar una con separación de poderes e imperio de la ley, que asumiría todas las cartas de derechos y libertades vigentes internacionalmente: elecciones limpias, libre empresa, igualdad hombre-mujer y un Estado secular, donde el jefe religioso no sea el jefe del Estado efectivo. Un Irán civilizado donde la gente pueda vivir con dignidad, con libertad y no estén oprimidos, esclavizados, asesinados, torturados por una estructura totalitaria. Ahora existe la posibilidad real de que la teocracia iraní llegue a su fin. Tenemos un escenario internacional en movimiento, con grandes cambios de un día para otro.
—¿Cómo puede participar la Unión Europea en la democratización de Irán?
—Salvo el Reino Unido, los europeos no harán nada en lo militar. La Unión Europea, pese a su pusilanimidad, finalmente designó recientemente como organización terrorista a la Guardia Revolucionaria de Irán. Y lo hizo arrastrando los pies. Europa por desgracia es una maquinaria lenta, parsimoniosa y bastante pusilánime. La Unión Europea no puede mover fuerza militar, pero sí cerrar las embajadas de Irán en las capitales europeas. Expulsar el personal diplomático iraní y que regrese nuestro personal diplomático en Teherán. Además, incrementar las sanciones económicas y comerciales. Debe tratar a Irán como lo que es, un Estado paria un régimen criminal. Creo que la contribución de la UE será irrelevante. Se limitará a expresar buenos deseos en el Consejo de Seguridad de la ONU y en los muchos foros europeos. No pintamos nada, somo espectadores. No se moverán. La Unión Europea es hoy una mezcla de hiperregulación y pusilanimidad
—No es el único dentro de la comunidad internacional
—Hay otros, pero Irán es una fuente de veneno permanente. Desestabiliza Oriente Medio. Tiene milicias chiitas en Irak y en Siria. Controla a Hamas, a Hezbolá y a los hutíes de Yemen. Son sus empleados, les pagan la nómina y las armas. Irán es la mayor fuente global de desestabilización y violencia. Es clave para que el mundo sea un lugar mejor para vivir. El panorama mundial cambiaría si Irán fuese una república democrática, con separación de la religión y el Estado, con igualdad hombre-mujer, sin pretensiones nucleares, amistosa con Occidente. Ahora tenemos la oportunidad de hacer caer un régimen terrorista, inicuo, que masacra a su propio pueblo. No la desaprovechemos.
—Reza Pahlavi, el hijo del fallecido sha de Irán, pretende recuperar el trono.
Es una fabricación mediática de determinados lobbies en Israel y en Estados Unidos que no tiene apoyos dentro de Irán. El recuerdo que tienen los iraníes de su padre y de su abuelo no es muy bueno. Era una dictadura de partido único, muy corrupta y muy represiva. Mató mucha gente. La policía política, la SAVAK, mataba y reprimía con enorme crueldad. Mohammad Reza Pahlavi tenía buena relación con Estados Unidos y las chicas podían vestir a la europea, pero su dictadura era muy corrupta. Robó mucho dinero y cualquier disidencia representaba el encarcelamiento, la tortura o la muerte. Los iraníes no quieren el regreso a ese tipo de monarquía. La figura de Reza Pahlavi la utilizan los ayatolás para confundir y dividir a la oposición.
—¿Y si Estados Unidos e Israel imponen a Reza Pahlavi?
—Sería un gran error y un gran fracaso. La gente no quiere a Pahlavi. La gente que manifestó su alegría en la calle no quiere ni a hijo del sha ni al hijo de Jamenei, que dirige la Guardia Revolucionaria. La gente quiere empezar una nueva etapa. Desea un república secular y democrática, sin clérigos. Si Estados Unidos, Israel y la Unión Europea logran que en Irán haya una transición a una democracia limpia, ordenada y pacífica, cambiaría el panorama de Oriente Medio y, en buena medida, el panorama global.
—No todos quieren democracia, en la Unión Soviética, cuando implosionó el tinglado que montó el Partido Comunista, los funcionarios se denominaron demócratas y siguieron gobernando como siempre…
—La Federación de Rusia es un Estado gobernado por un autócrata en alianza con una serie de oligarcas a los que tiene sometidos. Maneja unas fuerzas armadas poderosas y el partido Nueva Rusia, único en la práctica. Vladimir Putin tiene un sistema de competencia con sus adversarios bastante eficaz: los mata. A cualquiera que se opone o presente su candidatura contra Putin, empieza a criticar a Putin en los medios, Putin procede a matarle. Un sistema inaceptable desde el punto de vista moral, político y democrático. Putin es un criminal, un asesino, no vamos a andar con eufemismos. Putin igual mata a un oligarca que a Alexei Navalny; lo mismo mata a una periodista que invade un país. Debería estar en la cárcel.
—En Europa, en general, hay sectores que consideran que Europa se ha dejado engañar al ver el islamismo como algo cultural y no ideológico. No lo han identificado como una religión que también busca ser poder, como lo ha sido en Irán desde hace 47 años.
—El islam históricamente es una religión, pero a partir de 1979 también ha sido un movimiento con una voluntad y un objetivo: la dominación política de los territorios donde se establece. En el califato el líder religioso es el líder político. Irán es un régimen teocrático. El líder supremo tiene absolutamente todo el poder religioso y político. Es la esencia del islam. En Europa, con ese buenismo ingenuo y tontorrón, no nos damos cuenta. Van llegando oleadas y oleadas de inmigrantes, muchos varones de entre 18 y 30 años, que van cambiando la fisonomía de Europa. En España, el gobierno de izquierdas va a regularizar a medio millón de inmigrantes ilegales. Una decisión suicida.
—El racismo…
—No, no es racismo. Un país soberano tiene que decidir quién no entra y quién entra en su territorio. La inmigración irregular que llega en pateras a las costas de España en oleadas diarias 600, 700, 800, muchos menores de edad. Y a esa gente les damos alojamiento, tres comidas al día, atención sanitaria y, si son menores, los escolarizamos. Es gente que tiene unos valores y una visión de la vida completamente distinta, que no se integra ni se quieren integrar, que representan un coste económico y social enorme, que no se puede mantener indefinidamente. Los efectos sociales negativos de esta invasión no se notan en los barrios de los ricos, sino en los barrios humildes donde a las pobres señoras que van a hacer la compra les tiran del bolso. Una situación que puede llevar a Europa al caos y al conflicto social grave.
—¿Son inmigrantes con una intención de dominio político?
—Existe una red de organizaciones de tráfico de personas que se enriquecen con haciéndoles el transporte. Hay organizaciones no gubernamentales que tienen barcos y están en el negocio. Cada inmigrante paga una elevada suma de dinero. Es poco probable que una embarcación de madera medio podrida, con un motor fuera de borda de poca potencia, pueda cruzar desde la costa africana hasta Canarias. No. Salen, el barco los recoge, y cerca de la costa canaria los vuelve a soltar. Hay un negocio montado por estas ONG y mafias que se enriquecen con ese tráfico humano, sin importarles que mueran miles cada año en la travesía.
—¿Por qué los gobiernos europeos no reaccionan?
—Italia y Hungría han reaccionado y allí no entra un inmigrante ilegal. La mayor parte de los estados europeos permiten la invasión. Una locura. Cuando la guerra en Siria, Angela Merkel aceptó que un año llegaran a Alemania un millón de sirios. Sometió a la República Federal Alemana a un estrés económico, político y social. La primera reacción ha sido que el partido Alternative für Deutschland, la AfD, que exige el cese de las migraciones, la deportación de extranjeros y la restricción del derecho de asilo, ya es la primera fuerza en varios estados federados.
—¿A quienes beneficia ese plan no explícito de invasión?
—A determinadas élites económicas y empresariales. La llegada masiva de migrantes incrementa el trabajo barato. La llegada de millones de personas en edad de trabajar, con poca o ninguna cualificación, precarizan los salarios de los estratos bajos del mercado laboral. La gente reacciona. Cada vez vota más a partidos soberanistas que hacen de la inmigración ilegal uno de los elementos centrales de su programa.
—Los acusan de racistas.
—Es la polémica que está en los medios y en la calle. Si estos progresistas escucharan lo que estamos hablando dirían que somos dos fascistas peligrosos. Pero, somos demócratas, no extremistas, pero tenemos ojos y vemos lo que pasa. En determinados barrios la gente tiene miedo de salir a la calle. Algo hay que hacer.

—En Cataluña, que quiere separarse de España, los inmigrantes islámicos ilegales crecen y crecen. Pronto será un califato.
—Efectivamente, hay una contradicción que es fruto de una política de Jordi Pujol. El gran padre de la Cataluña nacionalista moderna no quería inmigrantes de Ecuador, Perú, República Dominicana o Bolivia. Solo permitía inmigrantes africanos que no hablaran español que podía catalanizar más fácilmente. Un boliviano, que es cristiano y habla español, tiende a seguir con su cultura hispánica en Cataluña. Entonces Pujol prefería inmigrantes africanos musulmanes que, desde su punto de vista, eran más catalanizables. Cataluña, como resultado, es una de las regiones de España donde hay más inmigrantes musulmanes y existe una gran tensión. Por ejemplo, el partido Alianza Catalana es totalmente antiinmigración y su programa es deportar a todos los migrantes irregulares.
—Están el PSOE y sus aliados pensando electoralmente con la regularización automática de medio millón de los inmigrantes ilegales.
—Sí, este tipo de personas son votantes potenciales de la izquierda. A medio plazo crece la cantidad de potenciales votantes de la izquierda. Está pensando en el futuro. Los españoles también hemos sido inmigrantes. En los años cincuenta, sesenta y setenta del siglo pasado muchos se fueron a Alemania, a Bélgica, a Francia, a Suiza con su contrato de trabajo. Aprendían el idioma, se integraban. Tenían una ética de trabajo muy buena y una productividad muy alta. Eran cristianos y prosperaron. Algunos se quedaron, otros volvieron a España. Un fenómeno positivo, ningún problema. Después de la guerra civil, muchos españoles se fueron a México, Argentina o Venezuela y se integraron totalmente. Asimismo, la adaptación de un argentino, un ecuatoriano, un boliviano, un salvadoreño en España es inmediata. Comparten la lengua y las creencias, la sociedad española los acoge como si fueran de la familia. Sin problemas. Una forma natural de que esa enorme comunidad hispánica equilibre deficiencias demográficas. España es una sociedad muy envejecida. Los hispanoamericanos son descendientes nuestros, comparten nombres y apellidos –García, Pérez, Rodríguez, López– y vienen a trabajar. Es positivo, pero un musulmán africano tiene otra visión del mundo y otros valores. Considera que la mujer es un ciudadano de segunda clase a la que se le puede pegar si no obedece al marido, y que casan a niñas con señores de cuarenta años.
—Cada país decide su política migratoria…
—En Europa no podemos decidir quiénes entran. Llegan en oleadas a nuestras costas de manera ilegal, incluso violenta. Los asaltos a las vallas de Ceuta y Melilla han sido de 800 subsaharianos, jóvenes y fuertes, contra 40 guardias civiles que no les pueden disparar y una vez están dentro no los puedes sacar. La política migratoria europea es insostenible. Habrá un momento en que los partidos soberanistas acabarán llegando al poder, como en Italia, Hungría, Eslovaquia…
—Con la izquierda vienen los migrantes; con la no migración, los soberanistas.
—Los partidos soberanistas consideran insostenible la llegada masiva de inmigrantes. No se trata de extrema derecha sino de realidades. La izquierda promueve disparates, como el predominio de lo políticamente correcto y de la ideología woke. Si a una niña de 14 años se le ocurre que es un chico, la bloquean hormonalmente sin ningún tipo de control médico ni intervención de su familia. Le destrozan la vida a esa pobre criatura. Mucha gente reacciona contra eso, no por ser de extrema derecha, sino por tener dos dedos de frente. Son idioteces progresistas como la obsesión del cambio climático o pedirle perdón a la presidenta de México por la conquista. Hernán Cortés, con 3 cañones y 400 extremeños no podían contra el imperio azteca. Lo derribó con todas las tribus oprimidas por el régimen de Moctezuma. ¿Cuál genocidio? Las calles de México, Quito y Maracaibo están llenas de mestizos, pardos o indios. Uno pierde la paciencia entre tanta imbecilidad.
—¿De quienes piden perdón?
—Los españoles nos fuimos del poder en Hispanoamérica a principios del siglo XIX. Después ha habido más de 200 años de países independientes, alguna responsabilidad tendrá cada uno sobre la situación actual. Cuando los españoles nos fuimos, el nivel de vida, la renta per cápita, del virreinato de Nueva España era superior al alemán de esa época. Lo han testificado todos los viajeros. Nosotros dejamos Hispanoamérica en un nivel de riqueza y de desarrollo. Cuba en 1898 era la economía más dinámica del Caribe. Entre 1940 y 1959 Cuba daba gloria. La Habana era una joya, una belleza de ciudad. Ahora se cae a trozos y las calles están llenas de montañas de basura. Esa pobre gente come una vez al día, cuando come, y sin electricidad. Toda es gilipollez progre le acaba a uno la paciencia.
—Los malos ánimos entre “progres” y “ultraderecha” pareciera van a llevar a los españoles a tirarse de las greñas.
—El gobierno socialista, en particular Zapatero y Sánchez, han resucitado la guerra civil, un asunto enterrado. Estábamos reconciliados. La dictadura se transformó, hubo una amnistía y éramos una democracia. España progresaba, la renta per cápita crecía enormemente, entramos a la Unión Europea y a la OTAN. Pasamos de la España de Franco a ser un país occidental desarrollado, pero estos dos individuos abren las heridas cerradas para manipular y conseguir el voto. Una irresponsabilidad criminal. En general, la izquierda tiene una pulsión criminal desde la revolución francesa. Son una fuerza negativa, disolvente y divisiva. Vive del enfrentamiento. Primero vivieron del enfrentamiento entre clases sociales, como ahora la lucha de clases no tiene sentido, viven del enfrentamiento entre hombres y mujeres, entre negros y blancos. Una manera de hacer política profundamente negativa para las sociedades, cuando debemos trabajar en común para que todo el mundo esté mejor. Olaf Palme decía: “Yo no quiero acabar con los ricos, sino que no haya pobres”. Para mí, cuanta más gente rica haya, mejor. Es lo que hemos de procurar. Mientras más gente rica haya, habrá muchos millones más que vivirán mejor.
—El partido Podemos ha admitido que recibió financiamiento de la teocracia iraní para que los ayudaran a lavar la imagen del régimen…
—Sí, Pablo Iglesias lo llamó “cabalgar contradicciones”, una forma de decir que la mentira y la violencia son legítimas en política. Que se puede ser un sinvergüenza en política. Iglesias, sin duda, tuvo un momento de sinceridad y lo confesó. Muchas personas no estamos de acuerdo. Creemos que la política se ha de basar en la honradez, en la verdad y en la coherencia. Una izquierda que acepta dinero de un régimen que somete a la mujer a un trato humillante, que practica el terrorismo, se descalifica a sí misma y es deleznable. Iglesias es puro bluf, ahora hace de tabernero que es lo que le corresponde.
—La directiva de Podemos tuvo mucha injerencia, junto con Zapatero, en la deriva dictatorial del chavismo.
—Venezuela ahora está en manos de Washington, del presidente Donald Trump, un hombre un poco confuso e imprevisible. Sacó a Nicolás Maduro de la ecuación y parece que se propone una transición más o menos ordenada en colaboración con lo que queda del chavismo y desembocar al final en unas elecciones libres, que lógicamente el chavismo perderá. Todavía es un trabajo a medias. Sigue Delcy Rodríguez, que es una delincuente; siguen Diosdado Cabello, Jorge Rodríguez y el general Vladimir Padrino López que son criminales. El régimen chavista vivía del narcotráfico, del saqueo del petróleo y del oro. Venezuela no era una dictadura, sino un país en manos de una banda criminal, manejado a base de violencia, represión y terror. Ahora Venezuela tiene que volver a ser un Estado con las condiciones de un Estado: elecciones, un gobierno de gente decente y un parlamento verdadero. Trump intentará sacar su tajada, en la industria petrolera, pero el chavismo se la cargó y hay que hacer unas inversiones gigantescas para que Venezuela vuelva a producir los barriles de antes del chavismo.
—¿Y la transición a la democracia?
—La oposición venezolana, con María Corina al frente, tendrá que jugar políticamente con determinación y habilidad para que en un plazo no muy largo haya condiciones para unas elecciones libres. Lo que se pastelea, al final, es que a cambio de que permitan que Venezuela vuelva a ser un Estado democrático decente, la banda chavista consiga la inmunidad y pueda irse a otros países a disfrutar lo robado en Venezuela y que tienen en paraísos fiscales repartidos por el mundo. Creo que es el pacto escondido.



