El plan de paz de Donald Trump para Ucrania: una jugada maestra

El plan de paz de Donald Trump para Ucrania: una jugada maestra

En ocasiones, se da un paso atrás para evitar una retirada inmensa o un desplome y la manera de prolongar la supervivencia que tienen los imperios regidos por políticos inteligentes y sagaces.

César Vidal / Interamerican Institute for Democracy

El 10 de julio del año 138 dC, falleció en su villa de Baiae, el emperador Adriano. Con sesenta y dos años, Adriano había reinado por dos décadas que marcaron la historia universal. Convertido en emperador en el momento en que Roma alcanzaba la mayor extensión territorial, Adriano supo captar desde el principio que el imperio debía adoptar unos límites más realistas si no deseaba perecer.

Adriano renunció a la extensión del imperio en el este de Europa, fijó la frontera norte en el denominado muro de Adriano, que implicaba no avanzar más, replegó tropas en Oriente y eliminó al estado judío de Bar Kojba, por considerar que era profundamente dañino para el imperio. En apariencia, Roma se replegaba. En la práctica, Adriano garantizaba de la manera más sabia su supervivencia. El imperio romano aceptaba que no podía ser la única potencia y que debía asumir limitaciones innegables se colocó así en el camino de la perdurabilidad.

Aún sobreviviría gracias a aquella inteligente política durante más de tres siglos. Una verdadera proeza. En ocasiones, se da un paso atrás para evitar una retirada inmensa o un desplome. Es justo la manera de prolongar la supervivencia que tienen los imperios regidos por políticos inteligentes y sagaces. He recordado este hito histórico al estudiar con atención el plan de 28 puntos para acabar la guerra de Ucrania propuesto por la administración Trump.

El primer punto es que “Se confirmará la soberanía de Ucrania”.

En segundo lugar, “Se firmará un acuerdo integral de no agresión entre Rusia, Ucrania y Europa. Todas las ambigüedades de los últimos 30 años se considerarán resueltas”.

En tercer lugar, “Se espera que Rusia no invada los países vecinos y que la OTAN no se expanda más”.

En cuarto lugar, “Se celebrará un diálogo entre Rusia y la OTAN, con la mediación de Estados Unidos, para resolver todas las cuestiones de seguridad y crear las condiciones para la distensión, con el fin de garantizar la seguridad mundial y aumentar las oportunidades de cooperación y desarrollo económico futuro”.

En quinto lugar “Ucrania recibirá garantías de seguridad fiables”.

En sexto lugar, “El tamaño de las Fuerzas Armadas de Ucrania se limitará a 600 000 efectivos”.

En séptimo lugar, “Ucrania se compromete a consagrar en su Constitución que no se unirá a la OTAN, y la OTAN se compromete a incluir en sus estatutos una disposición según la cual Ucrania no será admitida en el futuro”.

En octavo lugar, “La OTAN se compromete a no estacionar tropas en Ucrania”.

En noveno lugar, “Se estacionarán aviones de combate europeos en Polonia”.

En décimo lugar, se consigna “La garantía de que EE UU recibirá una compensación por la garantía. Si Ucrania invade Rusia, perderá la garantía. Si Rusia invade Ucrania, además de una respuesta militar coordinada y decisiva, se restablecerán todas las sanciones globales, se revocará el reconocimiento del nuevo territorio y todos los demás beneficios de este acuerdo. —Si Ucrania lanza un misil contra Moscú o San Petersburgo sin motivo, la garantía de seguridad se considerará inválida”.

En undécimo lugar, “Ucrania es elegible para la adhesión a la UE y recibirá acceso preferencial a corto plazo al mercado europeo mientras se examina esta cuestión”.

En duodécimo lugar, se pondrá en funcionamiento “Un potente paquete global de medidas para reconstruir Ucrania, que incluye, entre otras cosas: — La creación de un Fondo de Desarrollo de Ucrania para invertir en industrias de rápido crecimiento, como la tecnología, los centros de datos y la inteligencia artificial. — Estados Unidos cooperará con Ucrania para reconstruir, desarrollar, modernizar y operar conjuntamente la infraestructura de gas de Ucrania, incluidos los gasoductos y las instalaciones de almacenamiento.— Esfuerzos conjuntos para rehabilitar las zonas afectadas por la guerra con el fin de restaurar, reconstruir y modernizar ciudades y zonas residenciales. — Desarrollo de infraestructuras. — Extracción de minerales y recursos naturales. — El Banco Mundial elaborará un paquete de financiación especial para acelerar estos esfuerzos.

En décimo tercer lugar, “Rusia se reintegrará en la economía mundial: — El levantamiento de las sanciones se debatirá y acordará por etapas y caso por caso. — Estados Unidos firmará un acuerdo de cooperación económica a largo plazo para el desarrollo mutuo en los ámbitos de la energía, los recursos naturales, las infraestructuras, la inteligencia artificial, los centros de datos, los proyectos de extracción de metales raros en el Ártico y otras oportunidades empresariales mutuamente beneficiosas. — Se invitará a Rusia a volver a formar parte del G8.

En décimo cuarto lugar, “Los fondos congelados se utilizarán de la siguiente manera: — Se invertirán 100 000 millones de dólares de los activos rusos congelados en los esfuerzos liderados por Estados Unidos para reconstruir e invertir en Ucrania. — Estados Unidos recibirá el 50 % de los beneficios de esta iniciativa. Europa añadirá 100 000 millones de dólares para aumentar la cantidad de inversión disponible para la reconstrucción de Ucrania. Se descongelarán los fondos europeos congelados. El resto de los fondos rusos congelados se invertirán en un vehículo de inversión estadounidense-ruso independiente que llevará a cabo proyectos conjuntos en áreas específicas. Este fondo tendrá como objetivo fortalecer las relaciones y aumentar los intereses comunes para crear un fuerte incentivo para no volver al conflicto.

En décimo quinto lugar, “Se creará un grupo de trabajo conjunto entre Estados Unidos y Rusia sobre cuestiones de seguridad para promover y garantizar el cumplimiento de todas las disposiciones del presente acuerdo.

En décimo sexto lugar, “Rusia consagrará en la ley su política de no agresión hacia Europa y Ucrania.

En décimo séptimo lugar, “17. Estados Unidos y Rusia acordarán prorrogar la vigencia de los tratados sobre no proliferación y control de armas nucleares, incluido el Tratado START I.

En décimo octavo lugar, “18. Ucrania acepta ser un Estado no nuclear de conformidad con el Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares.

En décimo noveno lugar, “19. La central nuclear de Zaporizhzhia se pondrá en marcha bajo la supervisión del OIEA, y la electricidad producida se distribuirá a partes iguales entre Rusia y Ucrania, en una proporción del 50 %.

En vigésimo lugar, “Ambos países se comprometen a implementar programas educativos en las escuelas y la sociedad destinados a promover la comprensión y la tolerancia de las diferentes culturas y a eliminar el racismo y los prejuicios: — Ucrania adoptará las normas de la UE sobre tolerancia religiosa y protección de las minorías lingüísticas. — Ambos países acordarán abolir todas las medidas discriminatorias y garantizar los derechos de los medios de comunicación y la educación ucranianos y rusos. — Toda ideología y actividad nazi debe ser rechazada y prohibida.

En vigésimo primer lugar, el plan establece el destino de los “Territorios:

  • Crimea, Lugansk y Donetsk serán reconocidos como rusos de facto, incluso por Estados Unidos. — Jersón y Zaporizhia quedarán congelados a lo largo de la línea de contacto, lo que supondrá un reconocimiento de facto a lo largo de dicha línea. — Rusia renunciará a otros territorios acordados que controla fuera de las cinco regiones.
  • Las fuerzas ucranianas se retirarán de la parte de la región de Donetsk que controlan actualmente, y esta zona de retirada se considerará una zona tampón desmilitarizada neutral, reconocida internacionalmente como territorio perteneciente a la Federación de Rusia. Las fuerzas rusas no entrarán en esta zona desmilitarizada”.

En vigésimo segundo lugar, “Tras acordar los futuros acuerdos territoriales, tanto la Federación de Rusia como Ucrania se comprometen a no modificar dichos acuerdos por la fuerza. Las garantías de seguridad no se aplicarán en caso de incumplimiento de este compromiso.

En vigésimo tercer lugar, “Rusia no impedirá a Ucrania utilizar el río Dniéper para actividades comerciales, y se alcanzarán acuerdos sobre el libre transporte de cereales a través del mar Negro.

En vigésimo cuarto lugar, “Se creará un comité humanitario para resolver las cuestiones pendientes:

— Todos los prisioneros y cadáveres restantes serán intercambiados sobre la base de «todos por todos». — Todos los detenidos civiles y rehenes serán devueltos, incluidos los niños. — Se pondrá en marcha un programa de reunificación familiar. — Se tomarán medidas para aliviar el sufrimiento de las víctimas del conflicto.

En vigésimo quinto lugar, “Ucrania celebrará elecciones en 100 días.

En vigésimo sexto lugar, “Todas las partes implicadas en este conflicto recibirán amnistía total por sus acciones durante la guerra y acordarán no presentar ninguna reclamación ni considerar ninguna queja en el futuro.

En vigésimo séptimo lugar, “Este acuerdo será legalmente vinculante. Su aplicación será supervisada y garantizada por el Consejo de Paz, presidido por el presidente Donald J. Trump. Se impondrán sanciones en caso de incumplimiento”.

Finalmente, “Una vez que todas las partes acepten este memorándum, el alto el fuego entrará en vigor inmediatamente después de que ambas partes se retiren a los puntos acordados para comenzar la aplicación del acuerdo”.

La propuesta de acuerdo presentada por el Donald Trump para acabar la guerra de Ucrania constituye el plan más audaz, más inteligente y más equilibrado de la política exterior americana desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Implica también un grado de realismo, sensatez y percepción política en la Casa Blanca al que no hemos estado acostumbrados en décadas. De concretarse, Europa, en particular, y, en general, el mundo podrían vivir una etapa de paz y cooperación internacionales beneficiosa para todos.

De entrada, el plan de paz reconoce de manera evidente que la causa de esta guerra no fue un supuesto expansionismo ruso sino la ampliación de la OTAN hacia el este: una ampliación que se ha producido en contra de las promesas formuladas a Mijail Gorbachov y a Boris Yeltsin. Al reconocerlo, se establece el compromiso de que la OTAN no se ampliará más y de que Ucrania no formará parte de la organización, asumiendo, por el contrario, una posición de neutralidad garantizada.

En segundo lugar, el plan de paz reconoce también implícitamente lo que estuvo claro desde el principio salvo para belicistas e ignorantes, que Ucrania no pudo jamás ganar esta guerra salvo que el mundo hubiera aceptado verse inmerso en un conflicto nuclear. Iniciado el conflicto, sólo cabía esperar su derrota, algo que los que lo dirigían no tardaron en ver aunque lo aprovecharon para expoliar a Ucrania de sus riquezas nacionales.

Cuando Boris Johnson presionó, en compañía de Joe Biden, a Zelensky para que no hiciera honor al acuerdo de paz alcanzado con Rusia en Estambul a las pocas semanas de iniciada la guerra no lo hizo por Ucrania sino para crear un escenario en el que, finalmente, se pudiera saquear más fácilmente a Ucrania y causar daño a Rusia.

En tercer lugar, el plan reconoce una realidad que se ha intentado negar: que los nacionalistas ucranianos han violado los derechos humanos de los habitantes del Donbass desde hace décadas hasta el punto de hacerles desear el volver a reintegrarse en su patria de siglos, es decir, Rusia. Ucrania deberá respetar todos los derechos humanos que lleva conculcando desde hace décadas incluidos los de libertad religiosa, libertad lingüística y libertad de educación.

Además deberá acabar con los grupos nazis que han apoyado con auténtica ferocidad a los nacionalistas ucranianos lo que incluye al batallón Azov y otros colectivos semejantes entrenados en países occidentales de manera que sólo puede calificarse de vergonzosa.

En cuarto lugar, se consagra la modificación de las fronteras y se consagra de una manera lógica y natural. Crimea sigue siendo parte de Rusia como siempre lo ha sido ya que su inclusión en Ucrania fue llevada a cabo por el dictador soviético –y ucraniano– Nikita Jrushov y las regiones del Donbass que siempre fueron rusas vuelven de manera formal –de facto lo hicieron hace años– a Rusia. A decir verdad, Rusia tendría derecho a recuperar más de sus territorios históricos y la firma de la paz resulta urgente porque podría conseguirlo en el campo de batalla.

En quinto lugar, el acuerdo señala que ha llegado la hora de los negocios. Rusia volverá al mundo comercial del que nunca debió salir, incluida su membresía en el G8. De manera muy inteligente, Estados Unidos se convertirá en un socio comercial en zonas especialmente estratégicas como el Ártico. Igual que sucedió antaño con la estrategia Nixon-Kissinger que tan felizmente logró separar a China de la Unión soviética, la política de confrontación dejará paso a una de cooperación y mutua prosperidad económica.

En sexto lugar, Estados Unidos recuperará con creces el dinero enviado a Ucrania no para que regrese a los bolsillos de sus ciudadanos, pero sí para que vaya a parar a multinacionales y fondos de inversión como Black Rock. Algunos cálculos indican que Ucrania estará pagando la ayuda americana durante los próximos dos siglos.

En séptimo lugar, tendrá lugar un intento por cerrar heridas que incluirá, de manera discutible moralmente, que ladrones corruptos como Zelensky –cuya corrupción quedó de manifiesto en los Panama papers antes de convertirse en presidente– y sus equipos no sean llevados ante los tribunales y puedan disfrutar del fruto de su corrupción en un exilio dorado o en la misma Ucrania.

Todos estos aspectos implican un esfuerzo más que notable por desandar los errores de la política exterior de Estados Unidos de las últimas décadas y tienen muy buena posibilidad de conseguirlo estableciendo un marco estable de paz y de cooperación. Sin embargo, no cabe engañarse en cuanto a quién ha ganado y quién ha perdido en esta guerra que, dichosamente, podría acabar pronto.

La han ganado Estados Unidos y Rusia. En el primer caso, con un enorme coste económico, pero con unos beneficios mucho más gigantescos. Durante décadas, Ucrania no pasará de ser un inmenso pozo de riquezas que irán a parar a compañías americanas de manera tan masiva que cuesta incluso imaginarlo, aunque no se pueda negar. A fin de cuentas, como señaló el belicista Lindsay Graham, se apoyaba a Ucrania en la guerra no para defender la democracia o su integridad territorial sino para controlar sus materias primas.

En segundo lugar, esta guerra la ha ganado Rusia que conseguiría que, al fin, Estados Unidos cumpla sus promesas sobre la no expansión de la OTAN, no incluya a Ucrania en la OTAN y comience una política no de confrontación sino de colaboración en beneficio de ambas potencias.

La guerra la han perdido Ucrania y la UE. En cuanto a Ucrania, resulta obvio que el dejarse llevar por unos nacionalistas corruptos y entregados a la OTAN tendrá como consecuencia perder no poco territorio que tenía –aunque fuera con escaso o nulo derecho– antes del conflicto, que quedará endeudada, literalmente, durante siglos, que no podrá explotar en beneficio propio sus riquezas naturales y que ha perdido no menos de cuatrocientos mil hombres en el campo de batalla. Sin que tenga la garantía de que los nazis desaparecerán de su política o disminuirá la corrupción o se producirá la entrada en la UE.

Zelensky ha dado muestras durante años de ser de lo peor en la política mundial y el daño que ha causado Ucrania cuando decidió someterse a los dictados de Johnson y Biden es incommensurable. Como en tantas ocasiones, lo que deciden políticos corruptos y sin moral lo pagan los ciudadanos. Con todo, si Ucrania logra recuperar el respeto por derechos humanos pisoteados por los nacionalistas no habrá ganado poco en esta guerra.

Europa ha sido la otra gran derrotada en este conflicto al dejar de manifiesto que no tiene una política exterior propia –Hungría sería una excepción– que sus dirigentes gobiernan oligárquicamente la UE sin tener en cuenta el deseo de sus ciudadanos y, sobre todo, que la OTAN se ha convertido en una carga demasiado pesada de soportar, pero además inútil.

Para colmo, hay naciones que no están contentas con lo que no han podido conseguir. Polonia –a la que Churchill denominó acertadamente la hiena de Europa– soñó con invadir la Ucrania occidental y quedarse con parte de ese territorio con la excusa de enfrentarse al expansionismo ruso. Hace tiempo que ha quedado de manifiesto que sus sueños no se cumplirán, pero ahora se cierne sobre ella el peligro de que si Ucrania entra en la UE, su agricultura se vea seriamente dañada por un competidor más que peligroso.

La derrota de Polonia es enorme aunque pocos, muy pocos lo perciba. Añádase el ridículo sufrido por Alemania, Francia o Gran Bretaña por dar a Zelensky unas garantías imposibles de cumplir o la inmensa vergüenza que ha recaído sobre Kaja Kallas, la ministra de asuntos exteriores de la UE, que ha tenido que ser amonestada por la propia Ursula von der Leyen, presidente de la CE, por su belicismo antirruso. Si algo ha demostrado este conflicto es que Europa vale cero en política exterior.

Hay que insistir en que el plan Trump es una pieza maestra de la diplomacia y servirá –si se lleva a cabo– para afianzar el imperio americano por lo que queda de siglo. Seguramente sin saberlo, Trump se habrá convertido en el Adriano americano. Si fracasara… ay, si fracasara, sólo cabe esperar lo peor y, de manera muy especial, lo peor para Ucrania, para Europa y para el mundo. Oremos al Altísimo para que triunfe.

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