Cayetana acusa al gobierno de Sánchez de complicidad con la dictadura venezolana

Cayetana acusa al gobierno de Sánchez de complicidad con la dictadura venezolana

La diputada del PP dinamita el relato oficial y señala a Zapatero y Sánchez como legitimadores de Maduro, responsables de blanquear a una tiranía criminal.

Cayetana Álvarez de Toledo volvió a ocupar el centro del debate con un discurso sin concesiones ante la Cámara. La diputada del Partido Popular, portavoz habitual de las posiciones más duras dentro de la bancada conservadora y una de las voces liberales más influyentes del Parlamento, denunció al Gobierno de Pedro Sánchez por su papel en la crisis venezolana.

Historiadora, periodista y diputada por Barcelona, Álvarez de Toledo se ha distinguido por un estilo retórico frontal y una defensa explícita de la democracia liberal frente al populismo nacional e internacional. Su intervención apuntó directamente a la responsabilidad del Ejecutivo español, al que acusó de trabajar para la impunidad del régimen de Nicolás Maduro y de silenciar a las víctimas.

La intervención de Cayetana Álvarez de Toledo se produjo en un pleno extraordinario del Congreso dedicado a la crisis venezolana y la liberación parcial de presos políticos tras la operación internacional que sacó del país al presidente legítimo. El Gobierno defendió su actuación en el ámbito diplomático y acusó al Partido Popular de utilizar Venezuela como munición interna.

En nombre del Ejecutivo, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, reivindicó una política prudente, responsable y alineada con el derecho internacional, sostuvo que España ha trabajado por la liberación de rehenes y advirtió contra lo que calificó como aventurerismo exterior.

Poco después, el diputado socialista Jesús G. Navarrete reforzó ese mensaje con un argumento central: que el PP convierte la tragedia venezolana en un ariete de política interna y que su interés prioritario no era el destino de los presos sino el desgaste del Gobierno. Navarrete defendió que la única política viable es la negociada y multilateral, subrayó la necesidad de preservar canales con Caracas y acusó al PP de jalear soluciones de fuerza sin ofrecer una alternativa diplomática.

La réplica de Álvarez de Toledo partió de ese planteamiento. Negó cualquier equidistancia con la dictadura, acusó al Gobierno de blanquear al régimen de Maduro y desgranó su crítica en cuatro ejes: presos políticos, derecho internacional, soberanía y transición. Su discurso reivindicó la legitimidad de la intervención estadounidense, señaló responsabilidades personales en José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez, y proclamó que España traicionó la voluntad democrática de los venezolanos al facilitar la salida del presidente electo.

El discurso, recibido con ovaciones desde parte de la tribuna, trazó un alegato político e ideológico en cuatro ejes: presos políticos, derecho internacional, soberanía y transición. A continuación, la intervención íntegra.

Primero, lo más importante. Mi respeto y admiración por los representantes del bravo pueblo venezolano que hoy nos acompañan desde la tribuna. No se rinden, no se resignan, no pierden la esperanza y hoy celebran con legítima alegría la caída de Nicolás Maduro.

Les digo con emoción, nosotros también. Trump no ha secuestrado a un presidente legítimo. Ha puesto fin a la impunidad de un criminal.

El tirano del helicoide de la tumba y del SEBIN. De la tortura como norma, del saqueo como sistema, del exilio como castigo y del asesinato como forma de poder. Señorías, estamos ante el principio del fin del cautiverio venezolano y ojalá también del cubano.

Ante una oportunidad real para la democracia. Y si mi grupo lo celebra, sin adversativas. Como celebramos y apoyamos las heroicas revueltas en Irán.

Mujeres valientes, feministas de verdad. Traicionadas por la izquierda. Señorías de Podemos, su feminismo acaba donde empieza la financiación iraní.

Es un feminismo teocrático, de burka y verdugos con turbante. Un demócrata no distingue entre dictaduras por su ideología. Y una feminista no tolera el maltrato según quien lo ejerza.

Si lo hacen no son demócratas ni feministas. Son hipócritas. Es decir, ustedes.

Sí, señor Álvarez. Sobre todo, ustedes. Voy a contar la verdad de su política sobre Venezuela.

Con hechos para desmontar su fatua y vacua propaganda se le ha hecho larguísima la intervención. Se le hacía bola. Una autopsia a la hipocresía socialista en cuatro puntos.

Los presos, el derecho internacional, la soberanía y la transición. Empiezo por los presos, nuestra prioridad absoluta. El gobierno carga contra la intervención americana pero a la vez se arroga sus efectos.

Zapatero libertador de presos. Si no fuera obsceno, sería cómico. Señor Albares, responda.

¿Cuántos presos ha sacado Zapatero? ¿Y cuántos ha contribuido a meter? Zapatero ha sido el gran blanqueador de la tiranía chavista. Empezó como mediador de parte hasta que la oposición lo repudió por falsario. Luego se especializó en el tráfico de presos políticos.

Salidas condicionadas a los intereses del régimen. El chantaje como método, la libertad como moneda. Las propias víctimas han denunciado sus prácticas.

De Leopoldo López a Lorenza Lé. Si callas, te saco. Si sales, me das las gracias.

La gratitud del preso como coartada para blanquearse y prueba de su influencia sobre el régimen. Qué mejor tarjeta de visita para un lobista. Y qué inmoralidad.

Ahora denuncian que a Trump le interesa el petróleo. Ya. Y a los socios de Zapatero los derechos humanos.

Por cierto. El año Franco acabó en el plus ultra. Justicia poética.

Y pronto también real, señor Albares. Hay comparaciones lapidarias.

Meloni recibió a los presos italianos a pie de pista. Sánchez escondió a los españoles por una puerta trasera de barajas. ¿Por qué? ¿Y cómo es posible que siendo españoles sigan sometidos a medidas cautelares impuestas por una tiranía extranjera? Están trasladando a los excarcelados la responsabilidad de liberar a sus familiares y compañeros.

Cargan sobre ellos la condena de los que siguen dentro. Es indecente. Queremos a todos los presos libres.

Libres ya. Y libres de verdad. Sin mordazas. Porque no son rehenes ni detergente moral para blanquear a nadie. Tampoco a ustedes. Segundo punto.

Dice usted, enfático, que la ley de la selva no debe imperar en el derecho internacional. ¿Por qué no dijo lo mismo de la jungla de Maduro? ¿Y por qué no recurrieron a la ONU? Hoy ha propuesto una alianza mundial por el multilateralismo. Y ni siquiera fue capaz de invocar la responsabilidad de proteger de la ONU que obliga a la comunidad internacional a actuar cuando un Estado tortura y asesina a su gente.

No hicieron nada. Al revés. Hace un año este pleno instó al gobierno a apoyar la causa contra Maduro contra la Corte Penal Internacional.

¿Ustedes qué hicieron? Votaron en contra. Y luego ignoraron olímpicamente el mandato del Congreso. La realidad es que desprecian el derecho internacional como desprecian el derecho español y el europeo.

¿O qué hacía la sancionada Delcy medrando con el hombre fuerte del gobierno una noche en Barajas? Y una pregunta que retrata su doble moral. ¿Por qué condenan en Trump lo que aplaudían en Obama? Bueno, Maduro no está en el fondo del mar, sino ante la justicia. Zapatero, aquí mismo, el 4 de mayo de 2011, dijo El líder de Al-Qaeda se ha buscado a sí mismo morir asesinado a vida cuenta de su sanguinaria trayectoria.

¿Esto qué es, la ley o la selva? Ustedes invocan el derecho internacional de forma hipócrita, como forma de inmunidad, es decir, sinónimo de impunidad. Tercer punto, la soberanía de Venezuela. ¿Con qué ímpetu la defienden ahora contra Trump? ¿Y por qué no antes contra Cuba, Rusia o Irán? 32 agentes cubanos protegían o vigilaban a Maduro.

¿Qué hacían ahí, señor ministro? Turismo cultural. ¿O es que las injerencias comunistas e islamistas son operaciones de paz? También dice usted, la solución no puede venir impuesta desde fuera, tiene que ser genuinamente venezolana. ¿Y qué fueron las elecciones del 28 de julio? ¿Una solución genuinamente sueca? Señor Albares, el gobierno no solo ha desconocido la voluntad soberana del pueblo venezolano contra las actas heroicamente recogidas por el pueblo, que están en Panamá, vaya a verlas.

No solamente contra el mandato, las Cortes Generales, Zapatero, observador electoral en jefe del chavismo, por cierto, el único ciego ante el fraude masivo. Además, y esto es definitivo, ustedes montaron una operación para extraer de Venezuela al presidente legítimo. De hecho, señor Albares, comprendo su profunda incomodidad ante la intervención americana, porque fíjese, Trump extrajo de Venezuela al usurpador de la presidencia, ustedes extrajeron al presidente legítimo.

La suya fue una extracción contra la democracia, contra las urnas, contra Venezuela y contra España. Y lo peor, disfrazada de operación humanitaria, muy de izquierdas, invocar el bien para hacer el mar. Señorías, la política del gobierno se resume en dos palabras, inmoral e ineficaz.

Infinito cinismo y cero beneficios, salvo que por beneficios entienda la perpetuación de la dictadura, claro. Dice el ministro, nunca hemos sido equidistantes, es verdad, siempre han jugado a favor de la dictadura. Y cuarto punto, la transición.

¿Qué propone el gobierno? Dos cosas. Uno, restaurar el orden internacional quebrado por la intervención americana, es decir, que los presos vuelvan a las cárceles si Maduro mira flores. Esta es la paradoja grave y adulta de la política real.

El derecho internacional a veces no basta para proteger los derechos humanos, falta algo esencial, voluntad y valentía, y ustedes jamás las tuvieron. De hecho, el derecho internacional lo vaciaron ustedes mucho antes de la intervención de Trump. Y dos, el gobierno quiere liberar a Delcy, es la única liberación que les importa de verdad.

El señor Albares implora a Europa que les quite ya las sanciones, porque es la presidenta, dice, ayer en el país. Su postración ante una torturadora es humillante y elocuente. Señorías, el gobierno socialista quiere reciclar al régimen chavista.

Quiere salvar a Delcy para salvarse a sí mismo. Quiere una transición lampeduciana, que todo cambie para que todo siga igual, el negocio y la impunidad. Aplicarán el viejo manual de Zapatero, promoverán a falsos opositores, intentarán sembrar la división y minar la alternativa, pero les digo, no lo vamos a permitir.

Se lo decimos también a nuestros aliados, empezando por los Estados Unidos. Sabemos que ninguna transición es moralmente impoluta. Todas exigen sesiones y transacciones, a veces indigestas, pero algunos principios sí han de prevalecer para que la propia transición prospere.

Delcy Rodríguez no es una moderada, no es la Adolfo Suárez venezolana que ustedes pintan, y desde luego no es la presidenta de Venezuela, como la ha recordado el propio Trump. Es la sibilina cara B de Maduro y nosotros lucharemos para que Europa no le levante las sanciones, por inmoral y por ineficaz.

Y María Corina Machado no es una dirigente más, una buena chica, una opositora. Es la líder indiscutible de Venezuela, su valor más seguro, como bien sabe Marco Rubio. Y acabo ya. Jesús Navarrete siempre nos suele acusar al PP de tratar a Venezuela como un asunto de política interna. Sí, lo hacemos. Porque lo es. Porque no hay fronteras morales.

El anhelo de libertad nos hermana a todos, de Caracas a Teherán. Porque formamos parte de una impresionante comunidad histórica y cultural, la hispanidad. Y también, sí, por ustedes.

El mismo zapatero que inició la demolición de la transición española hoy intenta impedir una transición real en Venezuela. Y el mismo Sánchez que blanquea la dictadura venezolana, trabaja para vaciar la democracia española. No es analogía, es continuidad.

Zapatero y Sánchez, desgracia para Venezuela y vergüenza para España. Y sin embargo, hay esperanzas. Hoy más que nunca.

Amigos venezolanos, en la Sala Constitucional del Congreso, aquí al lado, hay un cuadro que simboliza la transición española. Se titula El abrazo. Quiero decirles que a pesar de todo, ese abrazo sigue vivo.

Y que con la fuerza de ese abrazo defenderemos el derecho de todos los venezolanos a volverse a abrazar. A la salida de las cárceles, los padres con los hijos, los abuelos con los nietos y en su anhelado regreso a casa. Será el fin del exilio un abrazo largo y definitivo, el abrazo de la libertad.

El abrazo

El cuadro El abrazo es una obra colectiva realizada por Juan Genovés en 1976 durante la transición española. Concebida originalmente como cartel clandestino en favor de la amnistía de presos políticos, la imagen retrata a un grupo de personas fundiéndose en un abrazo multitudinario, símbolo de reconciliación tras décadas de dictadura.

La obra adquirió un valor político inmediato. La policía franquista persiguió su reproducción y Genovés fue detenido e interrogado. Con el tiempo, la imagen se convirtió en emblema de la apertura democrática y de la exigencia popular de libertades públicas.

En 2016 El abrazo fue instalado en la Sala Constitucional del Congreso de los Diputados. Su presencia institucional resume la narrativa de la transición española: del miedo a la convivencia, de la clandestinidad a la democracia. Al invocarlo en su discurso, Cayetana Álvarez de Toledo buscó establecer un paralelismo entre la lucha por la libertad en España y el reclamo de los venezolanos por recuperar la suya.

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