El gobierno interino de Delcy Rodríguez omite cualquier demanda de liberación del expresidente durante las negociaciones con la oposición, en la señal más clara de que el régimen lo ha dejado en manos de la justicia estadounidense.
Caracas / Bogotá. — El gobierno de Venezuela, liderado por la presidenta interina Delcy Rodríguez, no planteó en ningún momento la liberación del expresidente Nicolás Maduro ni de su esposa, Cilia Flores, durante casi dos semanas de conversaciones con la oposición que concluyeron la semana pasada. Esta omisión constituye, según fuentes cercanas a las negociaciones, la evidencia más contundente hasta ahora de que el régimen ha abandonado al histórico líder chavista a su destino en una prisión estadounidense.
De acuerdo con el reportaje del Financial Times, varias personas presentes en las cinco sesiones de diálogo aseguraron que el tema ni siquiera fue mencionado. “Maduro y Flores simplemente no existen en la mesa de negociaciones. Los han borrado de la historia”, afirmó una figura de la oposición consultada por el diario británico.
Maduro y Flores fueron capturados el 3 de enero de 2026 por fuerzas especiales de Estados Unidos en una audaz operación nocturna en Caracas, conocida como parte de una acción militar más amplia. Ambos fueron trasladados a Nueva York, donde enfrentan cargos de narcoterrorismo, conspiración para el tráfico de cocaína hacia Estados Unidos y posesión de armas. Permanecen recluidos en el Metropolitan Detention Center de Brooklyn, bajo estrictas medidas de seguridad.
En los días inmediatamente posteriores a la captura, Rodríguez calificó la intervención estadounidense de “agresión vil” y su hermano, Jorge Rodríguez, presidente del Parlamento, declaró que no descansarían hasta lograr su liberación. Sin embargo, esa posición se ha diluido por completo. El gobierno interino, respaldado por Washington, ha priorizado la apertura de los vastos recursos naturales del país —especialmente las reservas petroleras— a inversores extranjeros, incluidas empresas estadounidenses, como parte de un acuerdo tácito de cooperación.
Según análisis del International Crisis Group, la operación estadounidense decapitó al gobierno de Maduro, pero dejó intacta gran parte de la estructura de poder chavista bajo el liderazgo de Rodríguez. El presidente Donald Trump ha defendido públicamente la intervención y ha sostenido que Estados Unidos mantendría un papel central en la transición venezolana, al tiempo que exigía acceso privilegiado a los recursos energéticos del país.
La desaparición gradual de Maduro del discurso oficial no se limita a las negociaciones. Reportes de medios como Barron’s señalan que su imagen ha sido retirada progresivamente de espacios públicos, murallas y medios de comunicación estatales. La consigna del gobierno interino para marcar los primeros 100 días de Rodríguez —“El comienzo de un nuevo capítulo”— refleja este giro hacia un estilo más tecnocrático y pragmático, alejado del populismo confrontacional que caracterizó la etapa anterior.
Analistas venezolanos coinciden en que, para el Ejecutivo actual, el destino de Maduro ya está sellado. Edward Rodríguez, consultor y analista político, declaró al Financial Times que “su suerte está echada”. Mientras tanto, Maduro y Flores continúan enfrentando el proceso judicial en Nueva York. Ambos se han declarado inocentes y el expresidente ha insistido en que es un “prisionero de guerra” y el “presidente constitucional” de Venezuela.
La decisión de no incluir la liberación de Maduro en la agenda de diálogo marca un punto de inflexión en la política venezolana posterior a su captura. Consolida el pragmatismo de la administración Rodríguez frente a la lealtad ideológica que definió al chavismo durante más de una década y abre interrogantes sobre el futuro de la transición política en el país, en un contexto de creciente influencia estadounidense y reconfiguración de las alianzas internas.


